


Alemán de nacimiento, Erwin Bechtold (Colonia, 1925) ejerció el oficio de maestro impresor antes de seguir una vocación artística que le llevaría al París existencialista de postguerra (donde trabajó con Léger) y, por una pirueta del destino, a la Barcelona de fines de 1950 y a aquella isla blanca y esencial que fue la Ibiza pre-turística (cuyo barrio de pescadores de Sa Penya no ha abandonado desde 1958).

Pintor de volúmenes contundentes, Bechtold ha hallado en el diálogo de contrarios y en la búsqueda de armonías imposibles, en las disonancias y las tensiones visuales, su personalidad artística diferencial. Siempre concisa en el color y diáfana en sus planteamientos espaciales, su obra sigue el sendero de la línea, con matizadas incursiones en la materia y manteniendo siempre un vehemente diálogo entre la geometría y el espacio ilusorio, rasgos que confieren a sus composiciones un ambivalente carácter contemplativo.

Como ecos visuales que se repiten y amplifican, que se depuran y reconvierten hasta alcanzar esa meta imposible que pasa por la armonía de los contrarios, se enzarzan en abierta confrontación el grafismo violento y dramático del negro y la geometría imperfecta de las formas (que remiten, a decir del artista, a las construcciones populares ibicencas), los dos grandes referentes sobre los que Erwin Bechtold ha desarrollado una investigación plástica que elogia los valores del silencio y la concentración.
Ref- El cultural




