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viernes, 31 de julio de 2015

OSCAR DOMINGUEZ








Hijo de un rico terrateniente tinerfeño, Oscar Domínguez se trasladó a París en 1927, pero no sería hasta 1931 cuando se dedicaría de lleno a la pintura. Dada la escasa aplicación que siempre demostró por los estudios, su padre lo envió a trabajar en la empresa que en la capital francesa se hacía cargo de sus exportaciones de frutas. La muerte de su progenitor y el cambio de signo en la situación económica familiar que aquella comportó, obligó a Domínguez a buscar un medio de sustento, dedicándose al dibujo publicitario. 
Su adhesión formal al Surrealismo se produjo en 1934, siendo desde entonces un participante asiduo a las tertulias del café La Place Blanche, cercano a la casa de Breton, en pleno barrio de Montmartre, así como a las que tenían lugar en Le Dome y otros locales de Montparnasse, más en boga en el período de entreguerras. 




Con anterioridad a su incorporación al grupo de Breton, el pintor canario había realizado una serie de cuadros cuyo espíritu se identifica ya plenamente con el Surrealismo. Obras tempranas como Sueño (1929) o Souvenir de París (1930) revisten un gran interés por alumbrar un universo onírico desconcertante. En la obra de Oscar Domínguez abundan las referencias isleñas con alusiones concretas a la flora y orografía canarias. Estas visiones mágicas como las que aparecen en El drago (1933) o Cueva de guanches (1935) contribuyeron junto con sus relatos a crear el clima propicio para que en 1935 se celebrara en Tenerife, con la presencia de Breton y Péret una Exposición Internacional del Surrealismo.



 
Gran parte del vocabulario pictórico de Oscar Domínguez procede de Dalí, como lo evidencia el recurso frecuentemente utilizado del alargamiento de los miembros y el empleo de figuras protoplasmáticas, aquellas que por efecto del deseo sufren alteraciones en su conformación anatómica, presentando excrecencias gelatinosas y desbordamientos. También es de origen daliniano la imagen paranoica o imagen doble. Sin embargo, y a diferencia del pintor de Cadaqués, el punto de partida de la producción de Oscar Dornínguez no es una sexualidad conflictiva sino el humor y el deseo entendidos ambos como motores de la actividad humana. El Surrealismo consideró el humor como una de las formas más eficaces de subversión de la realidad. 



Oscar Domínguez desarrolló en 1936 una técnica automática de gran efectividad, la decalcomanía, consistente en aplicar el pigmento muy diluido sobre el soporte y, a continuación, presionar sobre éste con una superficie rígida, lo que provoca la distribución irregular del pigmento y la consiguiente creación de formas arbitrarias. Si las manchas así generadas no sufren modificación posterior, el procedimiento se denomina decalcomanía sin objeto preconcebido, mientras que si el pintor reinterpreta esas formas y las retoca para acentuar su parecido con determinadas manifestaciones, como pueden ser conformaciones coralinas, arborescencias, etcétera, nos hallamos ante la decalcomanía del deseo. La aportación de Oscar Domínguez alcanzó su máxima expresividad en los paisajes de Max Ernst



El pintor canario demostró ser también uno de los creadores más imaginativos de objetos surrealistas, ámbito de actuación que alcanzó un amplio desarrollo en la década de los años treinta, habiendo participado con L 'arrivée de la Belle Epoque en la gran Exposición de Objetos Surrealistas, celebrada en mayo de 1936 en la Galerie Charles Ratton de París. Los objetos, liberados de su funcionalidad habitual, demostraron que podían convertirse en medios eficacísimos para establecer nuevas relaciones entre el ser humano y el entorno físico en que éste se mueve, al mismo tiempo que posibilitan también la actuación de las potencias del subconsciente. Aunque los surrealistas demostraron siempre un gran interés por las formas naturales de apariencias caprichosas como raíces, guijarros, etcétera, volcaron su atención preferente en la manipulación de objetos cotidianos, cuyas alteraciones responden siempre a las exigencias del deseo. 




A finales de los años treinta la obra de Oscar Domínguez denota un cambio de orientación sustancial, siendo sustituidos los contenidos oníricos y las manifestaciones del subconsciente propias del Surrealismo por visiones de carácter cósmico. A partir de la Segunda Guerra Mundial su creatividad se resintió bajo el peso del influjo picassiano  


Ref, Arte Historia.


martes, 11 de enero de 2011

OSCAR DOMINGUEZ



Oscar Dominguez 1906- 1967, pintor nacido en las Islas Canarias y muerto en Paris. Formó parte del famoso grupo surrealista capitaneado por André Breton. En 1927 se instaló en Paris y, practicamente hasta su muerte, fue uno de los componentes de la famosa escuela de París, que tanto ha aportado y tanto ha significado en la pintura contemporánea.

Entre las diferentes tendencias de la escuela de París, el surrealismo representó la posiblididad de incorporación al arte de aquellas personalidades que, no teniendo una formación ad hoc para el arte, entendido en el sentido tradicional, no obstante eran portadoras de una enorme carga subjetiva que necesitaba unas áreas de expresión convencionales.

Es muy posible que Oscar Domínguez se convirtiera en artista gracias a que existiera ya el marco surrealista, en el cual él veía que encontraba cauce su inquietud especial; de no haberse forjado ya el marco surealista es muy posible que Oscar Dominguez no hubiera sido otra cosa que "un fils papa" borracho y original, paseandose por las calles y quemando horas en los "bistrots" parisinos.

El surrealismo representó para Oscar Dominguez su posibilidad de manifestación y aportación sensible al mundo que le rodeaba, dentro de un marco convencional. Es decir, creemos que muchos de los ismos contemporáneos han facilitado la floración de personalidades que, en otras circunstancias, hubieran permanecido inéditas.


Si observamos atentamente la obra de nuestro artista hemos de manifestar con claridad que formalmente no fue ningún innovador; su obra adoptó las formas que otros creadores iban estableciendo (Chirico, Dalí, Picasso, entre otros); pero en esas formas, Oscar Dominguez vertía su potencia inconsciente, en las que quedaba plasmada.

La misma factura de la obra, la parte artesana y de oficio que comporta toda realización, es muy floja en la de ese artista canario; es elemental y denota inhabilidad y poco dominio. En cambio, el contenido, su mensaje, es realmente importante, sorprendente, arrebatador y trágico.

Tal vez fue en las decalcomanías sin objeto donde Oscar Dominguez hizo su aportación más radical a la plástica contemporánea y en donde se presenta casi como innovador. Obsérvese que, precisamente, en las decalcomanías, la parte de oficio está prácticamente ausente y, en cambio, el poder sugestivo a partir de sus resultados espontáneos alcanza la máxima intensidad. Precisamente lo que más convenía a Oscar Dominguez.

De ahí, tambien, que fueran esas obras las que más llamaron la atención en los años cincuenta a todos aquellos artistas que buscaban un campo expresivo de la más alta subjetividad. Oscar Doinguez era fundamentalmente un poeta, pero un poeta sin verbo, un poeta de pura imaginación.



El surrealismo, en su vertiente pictórica, le ofreció la posibilidad de plasmar su estro, de materializarlo. Es posible que esa necesidad de materialización obedeciera a condicionamientos fisiológicos de su persona, como ya se ha sugerido, más adecuados que los que le podían ofrecer las palabras.

Un alucinante mundo poético preside todos sus cuadros, pero en donde alcanza la máxima densidad esa poesía plástica es en las ya referidas decalcomanías. En resumen, Oscar Dominguez empieza a realizar entre nosotros un vuelo que ha de planear entre los más inmensos y apasionantes

GAZETA DEL ARTE

martes, 20 de enero de 2009

OSCAR DOMINGUEZ


Óscar Domínguez Palazón nació el 9 de enero de 1906 en La Laguna (Tenerife). Su padre, Antonio Domínguez de Mesa, poseía explotaciones agrícolas, en su mayoría bananeras, en el norte de la isla (Tacoronte, Guayonje y Tegueste).

Su madre, María Palazón Riquelme, murió de fiebres puerperales menos de dos años después del nacimiento de Óscar. La pareja tenía ya dos hijas: Julia y Antonia. Domínguez contó a Marcel Jean y Arpad Mezei una hermosa historia donde la leyenda se confunde con la realidad.

Nacido de la reconciliación de su padre y de su madre, unos años después de que ésta sobreviviera al veneno que su rival le había vertido en el café, Óscar se convirtió en auténtico objeto de culto.

Antes de morir la madre hizo prometer que Óscar no lloraría jamás. “Mi padre lo juró. Y desde que tengo un año, cada vez que expresaba un deseo, o que esbozaba la más mínima mueca de disgusto, tenía a toda la casa a mis pies, dispuesta a satisfacer mis caprichos para evitar que derramase una sola lágrima”.

Hasta los ocho años residió con su familia en La laguna, y pasaba los veranos en Tacoronte, en la casa del Calvario. Estudió en el Instituto de La Laguna. En 1926 realizó la primera pintura que conocemos, un Autorretrato con pipa, que lleva la firma de “Óscar”. En 1927 su padre lo envió a París para que se ocupara de sus negocios de exportación de fruta.

Allí se reunió con su hermana Antonia y el marido de ésta, el pintor tinerfeño Álvaro Fariña, instalados en la capital francesa desde 1925, y también con su primo Juan Domínguez Abad. Óscar se presenta en París como un dandi y lleva una vida desordenada, frecuentando asiduamente los locales nocturnos de moda.

A principios de febrero de 1928 regresa a Tenerife para cumplir su servicio militar en el Regimiento de Artillería, y a finales de ese mismo año expone sus primeros cuadros en el Círculo de Bellas Artes, con la pintora francesa Lily Guett.

En 1929 regresa a París. En 1931 vuelve durante unos meses a Tenerife con motivo de la muerte de su padre, el 10 de septiembre, que deja a la familia en una situación económica bastante precaria. Su vida cambia entonces radicalmente.

Privado en lo sucesivo de toda ayuda material, empieza a trabajar como diseñador publicitario, - oficio que ejerció con imaginación, facilidad y desgana - (Marcel jean). Realiza, entre otros, un diseño para la marca Krama (el mejor bombón de mantequilla) por encargo de la Oficina Internacional de Publicidad y Edición, y un cartel para el Patronato de Turismo del Cabildo Insular de Tenerife. Su pintura también experimenta una transformación radical.


En 1932 presenta sus primeras telas surrealistas en la exposición anual del Círculo de bellas Artes de Tenerife, del 18 al 31 de diciembre, junto a Robert Gumbricht, Servando del Pilar, Álvaro Fariña, Pedro de Guezala, Francisco Borges y Francisco Bannin.

En 1933 viaja de nuevo a Tenerife con su amiga Roma, una pianista polaca de origen judío, fusilada por los nazis durante la Segunda guerra mundial. La Gaceta de Arte organiza su primera exposición individual en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife, del 4 al 15 de mayo, una muestra que intranquilizó a la burguesía de las islas, como recuerda más tarde Domingo Pérez Minik.


Tres meses más tarde la Gaceta de Arte presenta algunos cuadros de Domínguez en el Círculo Mercantil de Las Plmas, junto con obras de Robert Gumbricht y Servando del Pilar, con motivo de la celebración del Primer Congresillo de las Juventudes, que tuvo lugar los días 5 y 6 de agosto. La exposición se clausuró el 20 de septiembre.


En ese mismo año, Óscar Domínguez ilustra la cubierta de Romanticismo y cuenta nueva, de Emeterio Gutiérrez Albelo, y el año siguiente la cubierta de Crimen, “Relato surrealista” de Agustín Espinosa, y la monografía de Eduardo Westerdahl dedicado a Willi Baumeister, dos obras publicadas por Gaceta de Arte.

En el número 28 de Gaceta de Arte, aparecido en julio de 1934, publica “Carta de París. Conversación con Salvador Dalí”. Es entonces cuando entra en contacto en París con el grupo surrealista. A partir de ese momento, y hasta el final de la década, colabora activamente en la vida del grupo.

Entre los cuadros merecidamente famosos de ese año - pues corresponden a la toma de posesión por parte del artista de su universo personal - cabe destacar Le Chasseur, que representa una jaula en forma de mano con un pájaro prisionero en su interior, y una serie de extrañas construcciones: calefactores antropomorfos, rodillos compresores que se estrellan contra una rosa, máquinas infernales que llevan los efectos de la contradicción hasta el límite del absurdo y que están dominadas en todo momento por una voluntad de destrucción subyacente.

En 1935 Domínguez participa en la exposición International “Kunstsudstillin Kubisme-Surrealisme”, organizada en Copenhague por Vilhelm Bjerke-Petersen, del 15 al 28 de enero (Désir d`été, 1934; Papillon, perdus Dans la montagne, 1934), y más tarde del 13 al 31 de diciembre, en la exposición de dibujos surrealistas de la Galerie Aux Quatre chemins, en el boulevard Raspail de París, donde se presentan obras de Arp, Bellmer, Brauner, Chirico, Dalí y Picasso…

Ese mismo año figura entre los signatarios del “Ciclo sistemático de conferencias sobre las posiciones más recientes del surrealismo”, que no logró pasar de su fase inicial por falta de medios financieros, y también firma el manifiesto “De los tiempos en los que los surrealistas tenían razón”, que relata la historia de la ruptura con el Partido Comunista.

En una entrevista concedida el 21 de diciembre al diario Figaro, que lleva por título “El surrealismo en libertad. De la bofetada a la ruptura”, Breton denuncia que “El partido se ha negado a reconocer la producción pictórica del surrealismo y esto ha originado una fuente de conflictos permanente…” 8Crónica de domingo Pérez Minik en el número 36 de la Gaceta de Arte).

También gracias a su intervención se organiza la Exposición surrealista en el Ateneo de Santa Cruz de Tenerife, del 11 al 24 de mayo de 1935. La exposición comprende 76 obras de veinte artistas diferentes, entre los que Jiguan Arp, Brauner, Chirico, Ernst Magritte y Tanguy. Óscar Domínguez presenta aquí “Deseo de verano” y “Objeto magnético”.

André Breton redactó el prólogo del catálogo, donde retoma el texto de su conferencia “Situación surrealista del objeto/situación del objeto surrealista”, pero añade, sin embargo, el siguiente elogio del pintor canario:”…En estos últimos años nuestro amigo Óscar Domínguez ha introducido en el arte surrealista - en el que la gracia de Picasso, de Miró, de Dalí, no ha cesado nunca de hacer circular la más bella sangre española - el silbo ardiente y perfumado de las islas Canarias”.

Los meses de julio y agosto los pasa en Barcelona, en compañía de Marcel Jean, Remedios Varo y Esteban Francés. Recurren al juego de los “Cadáveres exquisitos”, introduciendo en él la técnica del fotomontaje: “A las sorpresas de la colaboración “a ciegas” se añadían los goces del collage. Recortábamos fotografías de personas, objetos y animales que encontrábamos en viejas revistas… las pegábamos en una hoja de papel y las pasábamos al siguiente colaborador”.