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viernes, 24 de julio de 2020

RAFAEL BAIXERAS


Pobra do Caramiñal (A Coruña 1947 – Segovia,1989. 
Natural de un pequeño pueblo coruñés, con nueve años se trasladó con su familia a Segovia, ciudad en la que desarrolló toda su carrera artística. Inició sus estudios en la Escuela de Arquitectura de Madrid en 1965, y tres años después ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Academia de San Fernando de Madrid. Su primera exposición individual tuvo lugar en la Galería Fort de Tarragona en 1970. Durante estos primeros años (1970-1975), Baixeras se alejó de las corrientes dominantes (neoabstractos, conceptuales y minimalistas) para hacer una pintura de marcada inclinación figurativa, apoyada en un dibujo de trazo limpio, firme y suelto con el que crea un mundo mágico poblado de signos y seres fantásticos.

En 1976, coincidiendo con el cambio político español, su obra experimenta un cambio notable, produciéndose entonces el verdadero punto de inflexión en su carrera. Recibió la influencia de la corriente abstracta del grupo barcelonés Trama y también de los franceses Support-surface, iniciando una trayectoria que tiene sus hitos más destacados en la XIV Bienal de Sao Paulo de 1977, en la que participó con el pintor Mon Montoya con el montaje Historia de un paisaje convencional, en su integración al grupo Seis y cuatro formado por Mon Montoya, Cruz Hernández y Sánchez Calderón, su participación en la XI Bienal de París de 1980 con el montaje Un paisaje imaginario, y en la exposición itinerante americana Spanish Art Tomorrow que entre 1981 y 1984 recorrió Washington, Miami, Corpus Christi, Houston y Nueva York.

Durante estos años Baixeras, construyó su propio lenguaje insistiendo en un discurso artístico caracterizado por la práctica de la libertad formal, la preocupación espacial y la exaltación del color, hasta que a mediados de la década de 1980, coincidiendo con la exposición Paisaje y Memoria en la Galería Kreisler Dos (1987), se reencuentre con el paisaje, esencialmente segoviano, de tonos apagados y colores oscuros y donde la presencia del hombre solo se adivina en la arquitectura que ocasionalmente puebla sus rincones. Esta última etapa se verá pronto truncada con su muerte en Segovia en noviembre de 1989.

real Academia de la Historia


sábado, 8 de enero de 2011

Rafael Baixeras



Rafael Baixeras (A Pobra do Caramiñal, 1947 - Segovia, 1989) estuvo muy vinculado a Galicia, pese a vivir la mayor parte de su vida fuera de ella. Estudia en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando (Madrid), donde conoce a los artistas Jesús Martínez Labrador y Mon Montoya. Con este último participa en la Bienal de São Paulo de 1977, la Bienal de París de 1980 y en las exposiciones del grupo ´Seis y Cuatro´, entre otras. En 1982 participa en el Salón de los 16.

En 1983 se incorpora a las exposiciones Atlántica. Baixeras participa de la diáspora del grupo de artistas que dinamizó el panorama artístico gallego. Entabla entonces una relación de intimidad con Galicia reflejada en los títulos de sus piezas (Paisaxe da gándara, Tres ameneiros ou Casa do Amante).

Considerado como uno de los artistas más personales de la pintura española en la segunda mitad de siglo XX, tras su prematuro fallecimiento nos dejó una obra compleja y meditada; una referencia para el estudio del discurrir plástico español de los años setenta y ochenta.


En 1999, y comisariada por Miguel Fernández-Cid, el CGAC presentó en sus salas una completa retrospectiva que reivindicaba el reconocimiento, la trascendencia de un artista ´próximo a lo cotidiano, de tanta tensión hacia su obra y los retos implícitos en el arte como generoso al juzgar la de quienes empezaban´, en palabras de Fernández-Cid. Una revisión necesaria para la comprensión de aquel que equiparaba, poco antes de morir, vida y pintura, aludiendo a la pintura como una necesidad para vivir.

Con influencias del expresionismo de Francis Bacon y el gestualismo descriptivo hacia el que tiende en los últimos años, Baixeras se define como un paisajista, mezclando conciencia y sensibilidad: ´como si el lienzo y el bastidor fuesen la cama, el nicho, donde el paisaje entra y sale de nosotros mismos´, decía el pintor.

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