domingo, 2 de noviembre de 2008

Jean Dubuffet




Jean Dubuffet (1901-1985).

Pese a su temprana vocación artística y lo prolijo de su obra, Dubuffet no se consagró por completo a la pintura sino tras muchas dudas y después de haber superado los cuarenta años.
Jean Dubuffet nació en 1901 en El Havre, localidad francesa donde su familia tenía un negocio de vinos. Con apenas ocho años comienza a realizar pequeños cuadritos, y con quince se inscribe en la Escuela de Bellas Artes de El Havre. Hasta 1918 compagina estos estudios con los de bachillerato; ese año se instala en París, movido por su deseo de escapar de la autoridad de su padre y de profundizar en su formación artística. Con este propósito se inscribe en la célebre academia Julian, aunque tan sólo asiste a clase seis meses: tiempo que, según Dubuffet, tardó en tomar conciencia de que esta institución no podía ofrecerle nada interesante. Comienza así a manifestar una actitud rebelde y un rechazo al arte tradicional que le acercará a la plástica de los enfermos mentales ya artistas como Femand Léger, André Masson o Juan Gris.

En 1924, al término de su servicio militar, Dubuffett abandona su incipiente carrera artística y, en un nuevo intento por liberarse de ataduras, se embarca para Buenos Aires, donde trabaja durante seis meses como técnico en una empresa de calefacción.
De regreso a El Havre, comienza a trabajar en el negocio de su familia, actividad que continuará a partir de 1930, cuando funda en Bercy, cerca de París, su propia empresa de vinos al por mayor. Tres años antes el pintor se había casado con Paulette Bret; fruto de esta unión -que se
rompería en 1934- será su hija Isalmina, nacida en 1929. A pesar de esta actividad mercantil, no olvida sus inclinaciones artísticas: en 1933 alquila un taller en París y poco después decide dedicarse plenamente a la pintura.
Dubuffet viaja por Bélgica y Holanda, y en compañía de la que será su nueva esposa, Emile Carlu -Lili-, realiza máscaras, marionetas y pinturas que revelan un espíritu desinhibido y escasa preocupación por cuestiones artísticas. No obstante, será una etapa corta, pues en 1937, ante la inminente quiebra, ha de tomar de nuevo las riendas de su negocio.



Pero más que las circunstancias materiales, fueron dudas acerca del camino que había de seguir su obra las que demoraron la decisión de Dubuffet de consagrarse a la pintura. Finalmente, en 1942 cede la gestión de su empresa aun apoderado y alquila un taller muy próximo a su casa de París. Dubuffet inicia así su auténtica carrera artística y en 1944 puede realizar en la galería René Drouin de París su primera exposición individual, donde André Malraux será su primer comprador. Finalizada la guerra, en el curso de un viaje por Suiza en compañía de su gran amigo Jean Paulhan, comienza a interesarse por la expresión plástica de los enfermos mentales e inicia su colección de lo que denominaría "Art brut" -arte bruto-. En esta época, Dubuffet inicia su actividad teórica y en 1946 publica su primer trabajo, Prospecto paralos aficionados de todo tipo. El año siguiente expone en la galería neoyorquina de Pierre Matisse y ve cómo se va asentando en América un prestigio que no alcanzará en su país natal sino mucho tiempo después. También en 1946 presenta en París una serie de retratos en la sala René Drouin, en cuyos bajos se constituyen el Hogar del arte bruto y la Compañía del arte bruto. Con motivo de la exposición de su colección de este tipo de obras, celebrada en 1949, Dubuffet publicará uno de sus textos fundamentales, cuyo título, Más vale arte bruto que las artes culturales, es revelador de las preocupaciones del artista.



La creciente proyección social no impide que Dubuffet mantenga un deseo de escapar del corsé de la cultura occidental que le lleva a realizar entre 1947 y 1949 varios viajes a la región del Sáhara argelino. Tras la decepción de esta experiencia africana, el pintor se sumerge en la vorágine de una gran urbe como Nueva York, donde trabaja varios meses entre 1951 y 1952. La serie Cuerpos de damas de 1951 cierra una primera etapa figurativa; en esta década la obra de Dubuffet estará dominada por el diálogo entre la superficie pictórica y la materia; así nacen series como Suelos y Terrenos, Pastas batidas, Celebración del suelo, Texturologías, Ensamblajes o el gran ciclo de las Materiologías. Cada una de ellas surge de un tema o un problema específico al que el artista se consagra durante épocas determinadas, aunque en ocasiones vuelve a trabajar en ciclos ya cerrados. En 1961, en plena elaboración de su serie de litografías Los Fenómenos, da un giro brusco a su trabajo y regresa a la vena figurativa de sus Vistas de París, de 1943, en obras que de nuevo tienen como motivo de inspiración el torbellino de la gran ciudad francesa y que se reúnen bajo el epígrafe Paris Circus.



En julio de 1962, en un nuevo cambio que demuestra la vitalidad de un artista ya sexagenario, Dubuffet inicia su serie más larga e importante, la que denomina L'Hourloupe. Durante más de una década sus obras se pueblan de formas nacidas del entrecruzamiento aleatorio de trazos y de unos pocos colores elementales, células de un microcosmos caótico que con el tiempo se materializan en tres dimensiones: primero sobre el soporte ligero y manipulable del poliestireno expandido, más tarde en forma
de grandes esculturas, para terminar configurando un paisaje propio en el conjunto del Jardin de esmalte, inaugurado en el parque del Museo Kroller-Müller de Otterlo en 1974. Ese año, Dubuffet experimenta otra transformación radical: abandona el expansivo universo de L 'Hourloupe y se refugia en el dibujo y los pequeños formatos. En este ámbito más íntimo realiza sus series Crayonnages y Teatros de memoria, en la que compone collages a partir de sus propias obras. Hacia 1980, problemas en las vértebras obligan al artista a emplear técnicas más sencillas; sus últimas series, Miras y No-Lugares, suponen la vuelta a la abstracción de un artista que hasta su muerte, acaecida en 1985, mantendría vivo su espíritu rebelde e innovador.

Paula Modersohn-Becker















































Nació el 8 de febrero de 1876, en el seno de una rica familia alemana. Estudió pintura y diseño en una escuela femenina de Berlín, pero no pudo inscribirse en la academia, prohibida entonces a las mujeres. Frecuentó la colonia de artistas de Worpswede, cerca de Bremen, donde conoció al que sería su futuro marido, el pintor Otto Modersohn. En Worpswede ejerció una fuerte influencia, contribuyendo a la asimilación de los modelos de la colonia de Pont-Aven. Su primera exposición, la única que realizó en vida, tuvo lugar en Bremen, en 1899. Las críticas fueron negativas. Después de esta experiencia, se marchó a París junto con la escultora Clara Westkoff, futura mujer de Rainer Maria Rilke. Allí descubrió la pintura nabí y la estela de Gauguin, y desde ese momento la pintura francesa se convirtió para ella en una guía. Se quedó en París, abandonando a la familia por unos años. En 1907 volvió definitivamente a Worpswede y tuvo una niña. Murió el mismo año, de una embolia. Rilke le dedicó un Requiem.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Robert Delaunay









Robert Delaunay

(París, 1885-id., 1941) Pintor francés. Comenzó su trayectoria pictórica influido por el trabajo de Seurat, pasó luego por una breve etapa fauvista y derivó posteriormente hacia un estilo propio y colorista, basado en los principios del cubismo analítico. Delaunay investigó exhaustivamente las relaciones existentes entre forma y color: las obras que corresponden a su período de madurez se caracterizan por la utilización sistemática de formas circulares en colores planos, con el fin de dotar de movimiento a sus composiciones, tal y como aprendió de la teoría de simultaneísmo cromático de Chevreul. Desde 1912 abrazó la abstracción, sin abandonar jamás su línea de experimentación, y hacia 1932 se adhirió al grupo Abstracción-Creación. De entre sus pinturas destacan las series de Saint-Severin, de la torre Eiffel y de Ventanas sobre la ciudad, de la que partió el concepto de orfismo desarrollado por Apollinaire. Desde mediados de los años treinta, participó en diversos proyectos de integración del arte pictórico en la arquitectura de gran envergadura.

Henri Rousseau


Henri Rousseau (1844-1910).

Rousseau no comienza hasta que expone por primera vez en el Salón de los Rechazados de 1885, cuando ya contaba cuarenta y un años. Él mismo divulgó distintas historias fantásticas sobre su vida anterior, generando una leyenda inexplicablemente sancionada por sus primeros biógrafos. No es extraño que la información que ha llegado hasta nosotros sobre esos años -más de la mitad de su existencia- sea a veces poco precisa. Hoy, cuando esas falsedades han sido aclaradas, no deja de sorprender que muchos hechos de su vida pública, perfectamente comprobados, adquieran esos mismos tintes míticos, como si el destino de este artista irreductible fuera encarnar el perfil de un improbable personaje literario.

Nacido en Laval, a orillas del Mayenne, fue el cuarto de los cinco hijos de un calderero, y su infancia debió de quédar marcada por la progresiva ruina económica de la familia. Hasta los dieciséis años cursa estudios en el colegio de su ciudad natal y, en 1863, se emplea en el bufete de un abogado de Angers. Un pequeño hurto de diez francos le lleva a alistarse voluntario en el ejército ese mismo año para evitar que lo encierren en el correccional; a cambio, pasa un mes en la cárcel y sirve en el 51° Regimiento de Infantería tocando el saxofón en la banda. El propio Henri se encargaría de transformar tan poco heroica carrera militar en una supuesta estancia en México con el cuerpo expedicionario francés allí enviado en apoyo de Maximiliano de Austria; en ese periodo se inspirarían, según la leyenda, los cuadros de selvas exóticas de sus últimos años

A la muerte de su padre en 1868 se licencia del ejército, se traslada a París, donde trabaja como escribiente de un oficial de juzgado, y, un año después, se casa con Clémence Boitard, fallecida en 1879. Movilizado de nuevo en 1870 al estallar la guerra con Prusia, es devuelto inmediatamente a casa como hijo de viuda; no pierde, sin embargo, ocasión de inventar una nueva leyenda, según la cual "la presencia de ánimo del sargento Rousseau" -como llegaría a escribir Apollinaire- habría librado a la ciudad de Dreux de "los horrores de la guerra civil": "Su voz de anciano -cuenta Apollinaire- tenía inflexiones extraordinariamente orgullosas cuando recordaba que el pueblo y los soldados le habían aclamado al grito de ¡Viva el sargento Rousseau!"

En 1871 adquiere la condición de funcionario de la Prefectura de París, ejercida en distintos fielatos de la ciudad como encargado de cobrar el consumo sobre los alimentos que entraban en ella. Hasta 1893, fecha en que se jubila a petición propia con categoría de inspector de primera clase y una modesta pensión, desempeña este oficio, del que, con poca exactitud, deriva el apelativo de "aduanero" con que se le conocía ya en su tiempo. Todos sus hijos murieron a temprana edad excepto la tercera, Julia-Clémence; este dramático hecho se ha mencionado con frecuencia para explicar la rara singularidad de sus retratos infantiles. La primera noticia que relaciona a Rousseau con la pintura, sin embargo, es de 1884, cuando se le concede un permiso para hacer copias en los museos estatales por mediación del pintor académico Clément, a la sazón vecino suyo.

Un año después, muestra dos obras en el Salón de los Rechazados y, a partir de 1886, se convierte en una de las más asiduas presencias en el Salón de los Independientes -sólo dejó de enviar obra en 1899 y 1900-, un foro artístico anual fundado en 1884 por pintores del ámbito posimpresionista, como Seurat, Signac y Odilon Redon. Esta iniciativa fue una de las más eficaces alternativas progresistas al Salón oficial; no había jurado ni comité de selección: todo el que pagara la cuota podía exhibir su obra sin trabas.

La inclasificable pintura del Aduanero llama enseguida la atención de un público que -como ocurre invariablemente en el París de la segunda mitad del XIX con cualquier iniciativa artística no convencional- se ríe de ella como de una grotesca atracción de feria, pero también atrae a pintores como Degas o Pissarro.

Su mito artístico será, sin embargo, obra de los poetas más que de los pintores, que nunca dejaron de considerarlo una rareza. En 1893 conoce a Alfred Jarry -paisano suyo y autor de obras fundamentales para la literatura vanguardista como Ubú rey-, que escribe favorables crónicas sobre el Aduanero y lo introduce en loscírculos intelectuales de la bohemia. Retirado de su empleo como funcionario, se dedica por completo a la pintura, de la que obtiene ingresos muy irregulares que le llevan a pasar frecuentes privaciones. Para sobrevivir, se ayuda con clases particulares de pintura y de música -tocaba el violín y en 1886 obtuvo un diploma de la Academia Musical de Francia por la composición de un vals- y como profesor de la Association Philotechnique, una suerte de universidad popular.

Envuelto en el recuerdo de su primera mujer, se casa de nuevo en 1899 con Josephine Nourry, que muere cuatro años más tarde. En 1906 conoce a Apollinaire y al pintor Robert Delaunay, a través de los cuales empieza a exponer también en el Salón de Otoño y entraen contacto con los pintores más jóvenes que se instalaban por entonces en Montmartre.

Entre 1907 y 1909 se ve implicado en una estafa por la que le condenarían a dos años de prisión; el argumento de su proverbial ingenuidad y algunos amigos influyentes consiguen que, tras largo proceso, se le conmute la pena. En sus últimos años, la venta de sus cuadros mejora algo y el Aduanero se convierte en un personaje imprescindible de la bohemia de Montmartre. Las veladas en su estudio, en las que toca sus composiciones musicales al violín, se hacen célebres en ese ambiente, así como el legendario banquete que le ofrece Picasso en el Bateau Lavoir, en 1908, con la asistencia, entre otros, de Braque, Delaunay y los hermanos Stein. Muere en 1910 por gangrena en una pierna; enterrado en la fosa común, sus amigos costean un sepulcro, cuya lápida recoge un epitafio poético escrito por Apollinaire.

Jean-François Millet


Jean-François Millet (4 de octubre de 1814 - 20 de enero de 1875) fue un pintor realista y uno de los fundadores de la Escuela de Barbizon en la Francia rural. Se destaca por sus escenas de campesinos y granjeros.

Nació en la aldea de Gruchy, municipio de Gréville-Hague, Normandía, pero se mudó a París en 1839. Recibió su enseñanza académica con Paul Dumouchel, y con Jérome Langlois en Cherbourg. Después de 1840 se alejó del estilo de pintura oficial y cayó bajo la infuencia de Honoré Daumier, de quien aprendió el sentido del contraste de luces y sombras, así como la construcción del cuerpo humano, con simplicidad de volúmenes.

En 1849 llegó a Barbizon, entrando en el círculo de la escuela que toma el nombre de esta localidad

Millet, poseía un profundo sentido de la naturaleza, al igual que Théodore Rousseau: la interpretaba (más que reflejarla sin más) comprendiendo las voces de la tierra, los árboles o los senderos. Millet afirmaba sentir en la naturaleza más de lo que los sentidos le daban. El tono a ratos sentimental de sus obras (El Ángelus) le aleja un tanto del otro gran realista, Courbet, más áspero y rebelde.

Millet y Rousseau pronto intimaron y Rousseau, con más recursos económicos ayudaba al pobre Millet. Ambos murieron en Barbizon con pocos años de diferencia y se encuentran enterrados a muy poca distancia uno de otro.