miércoles, 8 de agosto de 2012

Armando Morales






Armando Morales Sequeira (* Granada, Nicaragua el 15 de enero de 1927 - † 16 de noviembre de 2011 en Miami, Florida, Estados Unidos) fue un pintor nicaragüense que ha sido reconocido con el premio Ernest Wolf como el "Mejor Artista Latinoamericano". Morales ha mostrado su obra a nivel internacional en diferentes pinacotecas como la Galería Claude Bernard de París, el Museo de Arte Moderno de México o la Galería Belcher de San Francisco. En su país es considerado una figura relevante de las artes plásticas. Tambíen fue representante de su nación ante la Unesco en los años 1980.

 Morales se mudó a temprana edad con su familia a Managua. Fue desde ese tiempo que empezaba a mostrar interés por el arte, pues a los 11 años pintaba paisajes imaginarios.  Cursó estudios en la Escuela de Artes Plásticas de Managua bajo la dirección de Rodrigo Peñalba. A los 19 años fue becado para estudiar en Estados Unidos, pero sería aplazado por no contar con los gastos complementarios. . A partir de 1959 participó en varias exposiciones internacionales en América y Europa, donde recibió varios premios




Una vez en en Nueva York, Morales fue influido por la tendencia abstracta de artistas americanos y europeos del momento. Hacia 1966, dejó la abstracción para volver a lo figurativo, pintando paisajes tropicales y la figura humana, pero no dejando los elementos contemporáneos (gamas de colores impresionistas, la textura y los fondos misteriosos). Según la revista En Exclusiva el estilo de Morales era:
La combinación de lo contemporáneo con elementos de su tierra natal forma su estilo personal, un estilo realmente único y que le pertenece sólo a él. Y es que cuando un conocedor se encuentra frente a uno de sus cuadros sabe a primera vista, indiscutiblemente, que se trata de un Morales



 En 1972 trabajó como profesor de pintura en el Cooper Union de Nueva York, y luego pasó a ser agregado cultural del Consulado de Nicaragua en esta ciudad. Morales vivió y trabajó durante muchos años en esta urbe, realizando innumerables viajes a Europa y Latinoamérica. En 1982 se trasladó a París.   El año siguiente (1983), Morales conoció al galerista Claude Bernard (uno de los más reconocidos dentro del mundo artístico), quien luego se convirtió en su principal representante. Con este galerista, Morales tuvo exposiciones individuales en la Galería Claude Bernard de París y en las ferias FIAC y Art Miami. Morales también tuvo exposiciones en los principales museos de Perú, Bogotá, Caracas y México, D. F., entre otros.




De su obra, Morales opinó:
Aun si mi pintura no tiene los colores brillantes, vistosos que se identifican con la idea que se tiene de lo latinoamericano, es muy latinoamericana en la forma de acercarse a la pintura y a sus temas. El hecho que trabaje mis cuadros en París, Londres o Nicaragua es circunstancial. Siempre son mis bodegones, mis desnudos y mis selvas.
Asimismo, en cuanto a su ambiente de trabajo, aseveró:
Prefiero evitar situaciones de la vida cotidiana, ver televisión o leer los periódicos. Tengo un almacén de imágenes y cuanto más limpio esté de basura, más probable es que las ideas útiles permanezcan allí

 




GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ SOBRE ARMANDO  MORALES
Llegó a las cinco en punto. Eso, entre jóvenes, es una virtud rara. Pero en el curso de nuestras largas conversaciones en mi casa de México habría de descubrir que Armando Morales era dueño de otras virtudes sobrenaturales. Llevaba un traje de lino color de trigo y una corbata alegre, y todo él tenía un aire de artista despistado que no se conciliaba con su maletín de agente de comercio. Pocos días antes me había escrito una carta con una posdatita: "Vivamos mucho, no andemos muriéndonos tanto".


Still Life by Armando Morales


Tenía deseos de encontrarlo y saber cómo era, desde que vi por primera vez un cuadro suyo entre los Zurbaranes inciertos y los Andy Warhols de feria de una mansión de millonarios. Era una corrida de toros, cuyos protagonistas no parecían pintados en el lienzo sino talladas en plomo. Y sin embargo, el cuadro tenía el dramatismo de esplendor y de muerte de la fiesta brava.
"Caray", me dije. "Este hombre no le tiene miedo a nada".
En los años siguientes tuve ocasiones de sobra para confirmarlo, pues encontraba cuadros suyos donde menos lo pensaba, con esa recurrencia mágica con que uno vuelve a encontrar varias veces en un mismo día a una antigua novia que no había visto durante mucho tiempo. Vi mujeres fugitivas de los Evangelios, rocallosas y sin rostros, que se bañaban en templos inundados, selvas enrarecidas por el olvido, suertes de tauromaquia petrificadas por el terror.


Girl in Red by Armando Morales

Vi a la muy antigua y noble ciudad de Granada , la de Nicaragua, repartida a pedazos en cuadros numerosos, en calles sin rumbo, perros rupestres, un coche de caballos sin control con el auriga muerto en el pescante, y su lago temperamental con ínfulas oceánicas, su lago una vez y otra vez, su lago inevitable, como un fantasma agazapado a la vuelta de cada esquina: su lago siempre.
Pues Armando Morales es capaz de pintar cualquier cosa, cualquier instante, cualquier sentimiento, sin someterlo a la servidumbre de ninguna moda. Es realista de una realidad que sólo él conoce, y que lo mismo puede ser del siglo XVI que del siglo XXI: el tema determina el modo.

Ha viajado por todo el mundo, ha vivido y pintado con su inventiva sedienta en la manigua de Nueva York, en la metrópoli de la Amazonia, en Paris con amor, en Londres sin ti, pero a todo el mundo lo ha visto con sus ojos de granadino impenitente. Tiene un cuadro de San Giorgio Maggiore, en Venecia, con su campanario y su vaporcito de Vivaldi, pero sus sombras diagonales y sus aguas encrespadas siguen siendo las mismas. Así es: sus desafueros creativos; se delatan a sí mismos de inmediato por una misma seña de identidad: el vasto silencio de sus cuadros, alumbrados aún a pleno día por la luna llena de Granada.
Sólo después de conversar con él durante muchas horas, en nuestras dilatadas tardes  México, entendí que Armando Morales no le tuviera miedo a nada. Más aún: me pregunté si hubiera sido pintor de no haber nacido y crecido en Nicaragua, y si sus cuadros hubieran sido posibles en una realidad distinta de la fantasmagórica de su patria  de endriagos y guerreros, de aguaceros inmemoriales y despelotes de amor, donde la iguana y el armadillo son platos nacionales, y donde estuvieron casi al mismo tiempo un aventurero gringo que se coronó emperador, y don Rubén Darío , uno de los grandes poetas de este mundo.
Por fortuna nacoysecrir5allí, dentro de sus propios cuadros, bajo el signo ineluctable de Capricornio. Su infancia es un modelo ejemplar de¡ poder de la vocación, se formó solo, y lo puede probar ante los tribunales, pues aun conserva en sus archivos el primer dibujo que hizo a los tres años. Es un barco pintado con lápices de colores en el dorso de una tarjeta postal que su padre mandó de Alemania cuando se fue a comprarlo que sólo un nicaragüense de 1920 podía comprar en Alemania: una fábrica de ladrillos. Pues bien: en ese dibujo prehistórico se vislumbra ya el resplandor de esa luna errante que ha hecho de Armando Morales uno de los grandes pintores de este siglo moribundo.

Su recuerdo más antiguo es el trimotor anfibio que pasaba rugiendo como un tigre de papel sobre el gran Lago embravecido, a lo largo de los años en  la Armada de los Estados Unidos ocupó el país. El cree quede ahí le viene su terror de volar, que tantos compartimos, y alguna vez trató de conjurarlo con una cura de burro: volando sobre la Amazonía le pidió al piloto que le hiciera las indicaciones básicas, y tomó el mando del avión. los gérmenes de su mundo lunar estaban inclusive dentro de la propia familia, Su abuelo paterno, el doctor José María Morales, se había hecho médico en Alemania, pero jamás logró que sus clientes de Granada le pagaran con dinero. Le pagaban con gallinas, tabacos, cerdos, calabazas, y aún con una vaca descarriada en e¡ más grave de los casos. Al doctor Morales le parecía justo.
"No más faltaba ?decía? que además de estar enfermos tuvieran que pagar".
Bautizó a sus cinco hijos con nombres que empezaban con las cinco vocales en orden: Adán, Evangelina, Ismael, Orlando y Ulises. Todos vivieron largos años, y tuvieron la decencia de morirse como habían nacido: por orden alfabético. El primero, don Adán Morales, fue el padre de¡ pintor.

Su hermana mayor, Lillian, quien realidad se llamaba Edna María Victoria, era una dama de las de antes, que se vestía para las visitas de los domingos con trajes de muselina y sombrero de organza, y entretenía las horas muertas de las siestas ajenas pintando flores al óleo en pañuelos para decir adioses. Años más tarde, Armando Morales encontró su recado de pintar entre los cachivaches olvidados de un baúl oloroso a sándalo y naftalina, rescató los tubos de colores y los frascos de trementina, y con ellos pintó sus primeros cuadros al óleo. Pintaba todo lo que veía, todo lo que recordaba, todo lo que quería, pues desde entonces parecía convencido de que todo lo que sucede en la vida es digno de ser pintado.
Su padre, como todos los padres, quería que heredara el negocio familiar, que muy al modo de la familia era al mismo tiempo farmacia y ferretería, y lo estimulaba más hacia las matemáticas y las ciencias que hacia las buenas artes. Armando Morales no lo contradijo nunca. Siguió dibujando durante las clases a espaldas de los maestros, y aprobaba los exámenes de álgebra y de química con las respuestas copiadas de sus vecinos. Lo que no supo hasta muchos años después, fue que su padre vigilaba con ilusiones inconfesables el encarnizamiento de su vocación, y sin que él lo supiera coleccionó durante años sus dibujos de niño, disimulados dentro del libro de contabilidad de la ferrofarmacia.


Fue un triunfo de la tozudez de ambos. Cuando se abrió la primera escuela de Bellas Artes en Managua, Armando Morales fue el primer alumno. No sólo porque se inscribió antes que nadie y fue el más destacado, sino porque fue el único que llegó puntual a la primera clase del primer día: a las cuatro en punto. El maestro era don Augusto Fernández, un refugiado de la guerra civil española que acabo de vivir hace pocos años en México y dejó inéditas y sin destino más de doscientas ilustraciones de El Quijote. El sueño de Armando Morales en aquel tiempo era irse para Nueva York a hacer un curso de perspectiva que duraba cinco años.
"El maestro Fernández dice ahora, muerto de risa me la enseñó desde el primer día mientras llegaban los otros alumnos en una hora".  Entonces tenía veinte años y sólo le hacían falta los recursos técnicos, Portu ya llevaba dentro para siempre e¡ plenilunio de Granada. Conocía la pintura de los grandes maestros en reproducciones de libros, pero no había visto ninguno en carne viva. La primera vez que lo vio fue en una exposición (de pintores latinoamericanos en Managua. Allí se hallaban los más grandes: Tamayo, Portinari,  Roberto Matta  y Wilfredo Lam, y obras de caballete de los muralistas mexicanos que por aquellos días estremecían al mundo.


La sorpresa de Armando Morales a primera vista fue que todos eran idénticos a como los había imaginado. Tal como le había ocurrido con su primer cuadro de toreros, que copió del respaldo de una baraja española cinco años antes de que viera en el Perú, por primera vez en su vida, una corrida de toros. Permaneció muchas horas frente a cada cuadro, durante todo el tiempo que duró la exposición, escudriñando la malicia de la textura, desentrañando los secretos de su maestría, el misterio de su eternidad, y vio que todo era como él creía haberlo inventado en su soledad de Granada. Sólo entonces, sin haber salido nunca de Nicaragua, se atrevió a mandar un cuadro a la Segunda Bienal Hispanoamericana de Arte de la Habana, en 1954, y se ganó su primer premio. En ese cuadro era ya evidente que aquel joven compatriota de Rubén Darío, con el mundo iluminado por su luna personal, no le tenía miedo a nada. Salvo a los aviones, por supuesto.
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
(Cartagena de Indias, agosto 1992)
Premio Nóbel de Literatura, 1982

martes, 7 de agosto de 2012

Julio Galán

"Detesto la pintura, pero es mi único espejo para filtrar la realidad, para vengarme de mi pasado. Soy pintor porque no puedo ser otra cosa"




 "El dolor no fue físico, me violaron el coco; literalmente me castraron".

 "Yo no entendía cómo vivir en ese mundo de tanta "santidad" cuando a mi alrededor respiraba tanta tristeza y maldad"
  “Mi obra es un psicoanálisis, refleja mi interior, es como un eco del pasado en mi memoria. También revela mis pensamientos secretos, mis deseos, mis miedos, el dolor y la muerte. El medio de la pintura me dio todas las posibilidades para explorar mi propia identidad, de seguir el anhelo existencial de reencontrarme conmigo mismo.”


 "Admitiendo conflictos paternos: “mis gustos más delicados, por mi atracción hacia lo bello, por eso se ensañaba conmigo”.


Untitled by Julio Galán
 "Cada rasgo, cada pincelada de color, cada textura es reflejo de mi dolor...” 


Julio Galán (5 de diciembre de 1959 - 4 de agosto de 2006) fue un pintor mexicano de arte contemporáneo, se le considera el renovador de la plástica mexicana de los años 1980.

Nació el 5 de diciembre de 1959 en Múzquiz, Coahuila. Estudió la carrera de arquitectura en la Universidad de Monterrey, la que dejó inconclusa, para finalmente dedicarse exclusivamente a la pintura. Radicó la mayor parte de su vida en Monterrey, a dónde llegó a estudiar desde los nueve años de edad. Tuvo estancias en Nueva York y Europa. Realizó gran cantidad de exhibiciones individuales. A los veinte años de edad, en 1979, obtiene el segundo premio laureado de pintura del Centro de Arte Vitro Monterrey. Su primer galerista individual en Monterrey es Guillermo Sepúlveda, de la Galería Arte Actual Mexicano, desde 1980.


Julio Galán destaca por haber renovado el panorama de la plástica mexicana de los años 1980. La obra de Galán se caracteriza por que retoma el nacionalismo, los ideales mexicanos exentos de idealización, llevados a una realidad que toca el drama, el humor, el sarcasmo y lo cotidiano, pero con una carga fuerte de vanidad, con trazos gruesos, colores opacos y cuestionamientos profundos del "yo" son parte esencial de su obra.


Luis Carlos Emerich, en el catálogo de la exposición que se presentó en la Galería Enrique Guerrero en 1998, dice sobre Julio Galán, “y por otro, para descartar el valor simbólico de la imagen a manera de íconos o juguetes o de dolores y placeres extraídos del arcón de la nostalgia, como una broma tierna pero negra acerca de los valores normativos y de su imposibilidad real de canalizar los poderes irracionales”. Julio Galán era considerado “el niño terrible de la pintura mexicana”, como lo calificó la crítica de arte argentina Ana María Battistozzi.


En las obras de Galán podemos ver, además de su propia historia -una historia íntima y muy personal- las múltiples formas que adopta la subjetividad en su constitución y la emergencia del cuerpo como sujeto y objeto del discurso y del deseo. Galán expuso en sus obras una Mise en abyme donde, a través de sus imágenes, reflejo una de otra, juego de espejos confrontados (enfrentados), sumergió al espectador en su propia "demencia", su juego narcisista, en el que, de manera por demás exacerbada, reflejó el ethos epocal, ya que en las postrimerías del siglo XX el cuerpo devino en objeto de culto, de amor, de pasión, el cuerpo que se transforma, se viste, se cuida, se re-presenta, las más de las veces como una alegoría de los conflictos que el sujeto tiene con el "otro", siendo entonces esta re-presentación enarbolada como símbolo de emancipación sexual (de género), de raza, de ideologías religiosas, una defensa a la individualidad, al ser universal, único y sin binarismos.


Galán artista, Galán imagen, ambos se superponen, el pintor representó en el lienzo la representación que de sí mismo fue construyendo y que mostró socialmente: una mascarada. En muchos de los catálogos de sus exposiciones, como los de las galerías Ramis Barquet en Nueva York, Thaddaeus Ropac en París, Timothy Taylor en Londres y en el realizado para Grupo Financiero Serfín en 1993, se incluyen fotografías del creador, las cuales pueden ratificar este afán de representación. Fuertemente controladas, planeadas, sin quitar el mérito e intervención del trabajo de los fotógrafos, las escenas muestran una disposición muy similar a la forma en que realizó sus composiciones pictóricas. No son casuales, hay en éstas toda una narrativa, una teatralidad, sus fantasías privadas recreadas frente a la lente de la cámara. En el catálogo de Serfín, a manera de presentación, se incluyen dos imágenes de página completa donde Galán, semidesnudo y cargando un par de alas oscuras, pareciera surgir del río en el que ha caído como Ícaro sobreviviente. En el forro del catálogo, en la parte posterior, este Ícaro se encuentra arrodillado a la orilla del río que refleja su imagen, ahora un Narciso que tampoco sucumbirá a la muerte, una venda cubre sus ojos impidiendo la posibilidad que se reconozca.


Generalmente el disfraz de Galán incluyó elementos glam, góticos, exóticos, desde la pintura en su rostro a la manera de Boy George, las uñas pintadas en negro o blanco, gruesas cadenas y candado al cuello, joyería exagerada desde anillos con enormes piedras de colores, grandes collares, hasta crucifijos, mascadas, prendedores en el cabello, sombreros en variedad de formas, alguno hasta con un ave zancuda disecada, combinados todo esto con trajes de diseñador y calzado singular, sin dejar de mencionar los objetos que acostumbra llevar en las manos y que también representó en sus cuadros, muñecos, cajitas, hasta un bolso de mano en forma de caballito, dando como resultado un personaje que impacta visualmente, provocando un "extrañamiento", un shock síquico que produce sorpresa en el espectador por lo inesperado, lo diferente, lo fuera de lo habitual, por salirse del lugar común, de lo cotidiano, sea a través de la "singularización" al hacer suyos los códigos y reutilizarlos de manera personal, realizando asociaciones únicas, personales e irrepetibles de aspectos de la realidad que no suelen ser asociados; y la "oscuridad o forma obstruyente" (en este caso la singularización) se lleva al extremo, como si se construyera la obra artística para sí, poniendo en juego la totalidad de experiencias y saberes, Galán se valió de ambos, no sólo en la presentación de su disfraz, sobre todo en la construcción de sus obras, consiguiendo prolongar el tiempo de la percepción y ampliando la duración del impacto. 

Pudiera ser que, al final, Galán haya conseguido su objetivo al exponer su obra y al exponerse él mismo en un constante performance, mostrando una representación subversiva en la que remarca la contingencia, donde todo lo que deja ver es y no es, consiguiendo así la anulación de las diferencias, la imposición de su deseo. Hacer de la vida propia una obra de arte ha sido para muchos la manera de abrir (se) espacios. Desde el dandismo, el estilo siempre ha sido superior al contenido.


“Pintura engañosa y subversiva que causa adicción, que repite sus temas y los transforma hasta volverlos irreconocibles, la obras de Galán mezcla, con gracia y sabiduría, los mitos y las referencias nacionales, el teatro y la sinceridad, el transformismo y la trasparencia ”, escribió el escritor mexicano Carlos Monsiváis sobre el pintor en el catálogo de la exposición “Oro poderoso”.
En 2007 el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey le hace un homenaje póstumo con la exposición Julio Galán – Pensando en Ti, donde se exponen más de 100 obras, fotografías y objetos pertenencientes al polémico artista. El museo del Antiguo Colegio de San Ildefonso recibe en 2008 la muestra retrospectiva Pensando en Ti de Julio Galán, con más de 120 óleos, collages, pasteles, cerámicas, fotografía, así como objetos y videos personales del pintor mexicano.
Falleció por un derrame cerebral el 4 de agosto de 2006 en Zacatecas, México.

 


lunes, 6 de agosto de 2012

Lena Kramarić




Lena Kramaric nació en 1982  en Zagreb (Croacia). Estudió historia del arte de Italia y asistió a la Escuela de Arte y Diseño en Zara y posteriormente estudió en la Academia de Bellas Artes de   Zagreb. En el otoño de 2010 realizó un curso de post-graduado en Bellas Artes.  Ha realizado 14 exposiciones individuales y 16 exposiciones colectivas en Croacia, Suiza y   en los Países Bajos. Lena Kramaric vive y trabaja en Zagreb y Dubrovnik.
 
Los artistas croatas a menudo tienen una cosa en común: han recibido un nivel de formación en el arte, por lo tanto sus habilidades técnicas son por lo general extraordinarias.  La joven artista croata Lena Kramaric no es una excepción. Pero además de ser técnicamente excelente, Kramaric también tiene un estilo muy distinto que hace su obra reconocible a distancia.
Las figuras humanas cobran vida  sobre lienzo, papel o cartón, a menudo parecen personas con viejos fantasmas. 

Nicolas De la Hoz

Nicolas de la Hoz, Líneas del mundo



Nicolas De la Hoz nació en 1960 en Cartagena, Colombia. La 
mayor parte de su niñez vivió en la ciudad de Barranquilla y Bogotá. En 1984, estudió dibujo y pintura en el taller privado del artista David Manzur.
Antes del comienzo de su carrera artística, De la Hoz ha estado interesado en el proceso onírico y el mundo del inconsciente presentado en las teorías psicoanalíticas de Sigmund Freud y Carl Gustav Jung. El trabajo literario de Julio Cortázar, José Donoso y algunos de los cuentos tempranos de Gabriel García Márquez, dentro del llamado "Realismo Mágico", le invitaron a dar una interpretación plástica a su contenido. En sus composiciones podemos ver dos o tres espacios yuxtapuestos de diferentes estructuras geométricas, visualmente balanceadas. Objetos cotidianos, animales y personajes anónimos son presentados en su interior. De esta manera, De la Hoz nos sugiere una inexplicable interacción de realidades. Nicolás desarrolla su trabajo artístico principalmente a través de los recursos técnicos de la pintura. El color y las texturas juegan un papel importante en la integración de las estructuras presentes en sus diseños: "Cuando el contemplador se aproxima a una de sus telas, lo primero que descubre después de la fuerza de un dibujo excepcional, son sus refinadas texturas, que parecen hechas por las sutiles fauces del tiempo, o con delicadas redes que insinúan la idea de que De la Hoz inventó la pintura en Braille"

 

domingo, 5 de agosto de 2012

Harald Sohlberg




 (1869-1935)
Sohlberg asistió primero a la Real Escuela de Dibujo de Christiania para aprender el oficio de pintor decorador. Después, recibió cierta formación formal. Trabajó mucho por cuenta propia y sólo ocasionalmente recibió consejos de artistas como Erik Werenskiold, Eilif Peterssen y Harriet Backer. Unas bolsas de viaje le permitieron pasar el período de 1895-1897 en el extranjero, primero en París y luego en la academia de Weimar.


Sohlberg hizo su presentación en la Exposición Estatal de Arte de 1894 con la obra Arrebol nocturno (1893, Nasjonalgalleriet, Oslo), primer cuadro que muestra su estilo personal. Pinto varios ambientes similares de noches estivales en el fiordo de Oslo y, después de pasar dos años en el extranjero, volvió hacer uso del motivo en Noche de verano (1899, Nasjonalgalleriet, Oslo). El ambiente del cuadro capta la sensación de soledad que es la esencia misma del arte de Sohlberg.


El Año Nuevo de 1900 comenzó a trabajar en la obra que habría de ser la más importante del artista, Noche invernal en Rondane, sacando el motivo de las monumentales extensiones de montañas de la parte central de Noruega. Examinó ese tema en varios cuadros preliminares, antes de terminar la pintura final en 1914. Entre 1901 y 1905, vivió y trabajó en los aledaños de la pequeña población minera de Røros, un período de inspiración a pesar de enfermedades y necesidades. En los años posteriores, pintó sobre todo pequeños puertos y aldeas de pescadores del fiordo de Oslo. Desde 1911 vivió en Christiania, ciudad que aportó motivos frecuentes a su trabajo.

Ref-  Aurora Boreal

Guillaume Seignac


  

Guillaume Seignac (1870–1924) fue un pintor académico francés

 Seignac nació en Rennes, Francia, en 1870, y murió in 1924. Comenzó su entrenamiento en la Academia Julian (Académie Julian) en París, donde estuvo desde 1889 a 1895. Ahí tuvo muchos maestros que incluyern a Gabriel Ferrier y a Tony Robert Fluery.  Tony Robert Fluery era un notable artista histórico y de género. Por otro lado, a Gabriel Farrel, se le había otorgado el ‘’Prix de Rome’’. Tuvo otro maestro llamado William Bouguereau.

Además de su preparación en el estilo académico, mucho del trabajo de Seignac muestra temas y estilos clásicos/neoclásicos, por ejemplo, el trabajar mantas ligeras y transparentes cubriendo el cuerpo de la mujer es remanente del estilo clásico, en particular del escultor Fidias.  En 1897, Guillaume Seignac expuso regularmente en el Salón de París y ganó varios honores que incluyen una mención honorífica en 1900 y en 1903 una medalla.

 

Jean Hélion




Eduardo Arroyo recuerda que Jean Hélion (Lille 1904-París 1987) era para él cuando le conoció en 1962 "el pintor ejemplar", porque "pintó al revés que la casi totalidad de los artistas de vanguardia del siglo XX", en una búsqueda de la libertad absoluta que Arroyo define como "una actitud tozuda por antonomasia, que empleaba toda su energía en lanzar piedras contra el propio tejado". 




Para el pintor -y escritor- español Eduardo Arroyo, Jean Hélion ridiculiza con su simple trayectoria "ese ejército conformista y pusilánime educado en el culto del vanguardismo a cualquier precio". En efecto, Hélion se da a conocer entre 1929 y 1930 como teórico del grupo Art Concret, junto a Theo van Doesburg, Otto Carlsund y Léon Tutundjian. Antes, el uruguayo Joaquín Torres-García le familiarizó con el cubismo y el surrealismo pero ahora Hélion defiende un arte "enteramente concebido y formado antes de su elaboración", en el que no hay lugar para la naturaleza, la sensualidad, el simbolismo, lo dramático o el sentimiento".

El entusiasmo por un universo cuadriculado, "a lo Mondrian", se agotará pronto y las formas curvas regresan a sus telas, luego lo hacen las figuras -cilindros, conos...- que enseguida caen, como derrotadas por una realidad humana que reclama sus derechos. "Durante el año y medio que fui prisionero de los alemanes no soñé con formas geométricas sino con nalgas, con amigos, comida y objetos tangibles" explicó en su día.


El resultado es que el más abstracto de los abstractos, después de viajar a la URSS en 1931, de vivir varios años, entre 1932 y 1940, en EE UU y ser allí el mayor profeta de la modernidad, se reinstala en París en 1947 (entre 1943 y 1947 ha vivido de nuevo en Nueva York pero le da la espalda al expresionismo abstracto triunfante) para interesarse por Alessandro Magnasco, por la figuración a la manera de Fernand Léger o Max Beckman y, al fin, por sentirse heredero de Poussin o Chardin. Las naturalezas muertas de esa época son un escándalo para un mundo que sólo tiene ojos para la abstracción.


La pintura de Hélion, a partir de la segunda mitad de los años 50, se reconcilia con toda la tradición pictórica, integra en sus telas escuelas y soluciones distintas, juega con temas surrealistas tratados de manera informal, incorpora iconografía abstracta en telas que describen la vida cotidiana, se aleja de todas las capillas, se abre a todas las corrientes y se plasma en un estilo elegante y esquemático que le permite, incluso, aventurarse a resucitar géneros tan desacreditados como la "pintura histórica" a través de su tríptico consagrado a Mayo 1968.



Litografía - Jean Helion - Sans titre
Jean Hélion, con graves problemas de retina, pinta en los últimos años de su vida personajes que sufren accidentes, que caen, que, con un bastón blanco en la mano, avanzan titubeantes por el mundo y acaba con una obra extraordinaria y de título duchampiano: El pintor pisoteado por su modelo. Nada resume mejor la trayectoria de quien ha puesto en cuestión todo confort, capaz de levantarse contra el movimiento que ha contribuido a popularizar justo cuando el éxito lo consagra, capaz también de alistarse en Nueva York para luchar contra los nazis cuando tantos artistas parisinos buscaban refugio en la ciudad de los rascacielos y capaz, por último, de pintar con los ojos de la memoria cuando la vista flaqueó demasiado.

Ref- archivo EL PAIS