martes, 29 de mayo de 2018

Emilio Giuseppe Dossena


1903-1987-Emilio Giuseppe Dossena nació en  Cavenago D'Adda. Su padre murió cuando el tenía doce años y se vio obligado a trabajar para ayudar a la familia. Estudió en la Academia de Brera y en la Scuola del Castello, teniendo como compañeros a  Guttuso, Cantatore, Lilloni  y Sassu.Durante la época del fascismo empezó a trabajar como restaurador y decorador
Hizo su primera exposición en la galería milanesa Gavioli, en 1943 y aunque el país estaba en guerra vendió todo.
La revolución industrial y el auge económico de la posguerra afectaron su carrera,  las obras mostrarán una mejora de los verdes y azules, utilizando una paleta de colores cargada, cada vez más exuberante.  Durante este tiempo, restaura y decora los castillos de Parrano y Monte Giove, en Umbría, y muchas villas de aristócratas y capitanes de la industria en Lombardía

En 1968, una explosión accidental en una tienda encima de su estudio en Milán, lo destruye. Con casi sesenta y cinco años, decide emigrar a los Estados Unidos, donde unos amigos de la familia le prometieron una revitalización de su carrera, que en este momento había llegado a un punto crítico y  parecía no encontrar los estímulos necesarios para una renovación. El impacto con Estados Unidos es el principal responsable de la dramática evolución del uso de colores en sus pinturas. Después de un breve período de ajuste, Dossena encuentra un puesto en  el Studio Berger.  Su aislamiento de la sociedad que le rodea, causada por la incapacidad de conversar en inglés, influye inconscientemente tanto en el proceso del color como en su intensidad en la producción de Nueva York. El artista elige, en esta etapa de su vida, abandonar el neoimpresionismo, pero lo hace de forma gradual y sin ninguna intención de adoptar nuevos movimientos. Lejos de la querida patria. Nueva York y Estados Unidos tienen en Dossena un efecto similar al experimentado por su amigo Mario Soldati muchos años antes. Ama la América de los rascacielos, los museos y las diferencias, ama a sus compatriotas, que son como él, marineros sin bote en una odisea indefinida que consiste en pequeños episodios y grandes sacrificios. Pero odia que se lo clasifique como italoamericano, y reconoce que este término se usa para definir un conjunto de estereotipos con los que siente que no tiene afinidad. Se encuentra frente al eterno dilema del emigrante: encajar sin ser absorbido. El artista utiliza toda su energía, amplificada por su relación de odio y amor con Nueva York para crear obras explosivas, cuyo único propósito es expresar la necesidad de volver a ver los hermosos colores de su Italia. Lo que él llama la falta de color de la sociedad italoamericana, el trabajo de muchas hormigas grises preocupadas solo por almacenar su comida.  En 1976 regresa a Italia.

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