domingo, 7 de diciembre de 2014

Stipo Pranyko





Stipo Pranyko- Nacido en Jajce, Bosnia, artista autodidacta. Despues de vivir en Yugoslavia durante años se trasladó a Alemania, Italia y Francia. Desde 1990 hasta 2012 ha vivido en las Islas Canarias, en Lanzarote. Después de haber residido más de veinte años en Lanzarote, trasladó su residencia a Munich.


En Lanzarote construyó su propia casa

Casa Stipo Pranyko:
“Una casa como una escultura, construida racionalmente y al mismo tiempo poética. Un conjunto de edificios, claro y luminoso, redondeces, formas amorfas, ventanas a través de las cuales la luz baja suavemente, por todas partes obras vivas y huellas del recuerdo de una larga vida. Y bajo tierra un laberinto que Stipo Pranyko ha cavado en la negra lava maciza con sus propias manos grandes y fuertes a lo largo de catorce años con interrupciones, hasta el agotamiento físico. Una escalera de Jacob sale de la cueva hacia el exterior.”

Stipo Pranyko (Jajce, Bosnia, 1930) es un artista errante que pertenece a la nómina de la cultura desplazada yugoslava surgida después de la Segunda Guerra Mundial. He desarrollado su carrera artística en Rovinj (Istria), Galliate (Milán), Friburgo (Alemania), Chalampé (Alsacia) y Lanzarote (Islas Canarias) donde reside desde 1990. La exposición reúne unas 80 obras procedentes de Alemania, Francia y Lanzarote entre dibujos, objetos-piezas pictóricas, y un reducido número de esculturas en las que muestra su lenguaje de madurez, desarrollado entre 1975 y 2003.



Stipo Pranyko (Jajce, Bosnia, 1930) inició su práctica artística en Rovinj, a mediados de los años cincuenta, vinculado a lenguajes convencionales, pero, a principios de los sesenta, comenzó a problematizar su obra, tras entrar en contacto con Fontana, Manzoni, Castellani y Bonalumi.


En 1962, trasladó su residencia a Galliate, Milán, y allí mantuvo contactos con artistas vinculados al spazialismo y, en particular, con Piero Manzoni, que desde 1957 exponía sus acromos, incorporaba materiales diversos y creaba objetos singulares, alumbrando comportamientos que lo situaron como precursor del arte povera.


En esos años, Stipo Pranyko se interesa por la superficie del cuadro manipulándola para conseguir romper la bidimensionalidad pictórica e introducir matices cromáticos por efecto de los movimientos del plano, y adopta la monocromía, que, con el paso del tiempo, se convertirá en una constante de su obra. En su mundo creativo cala tanto la proyección objetual y la dimensión arquitectónica de la práctica artística, como la referencia a materiales pobres o de deshecho, signo de identidad de su vocabulario a partir de los ochenta. Mientras tanto, a mediados de los setenta, cuando ya reside en Alemania, se adentra en la formulación específica de su poética. Produce obras constituidas por formas singulares y reiteradas que remiten al absurdo de la vida, refutan el ilusionismo del arte y van dando forma al imaginario personal.


Sus formas creadas conforman un paisaje emocional intenso, relacionado quizá con el desplazamiento cultural y la lectura abstracta de la memoria personal, de los propios orígenes de la vida, hasta figurar un expresivo idioma del desplazado (el desplazamiento constituye una categoría central en el contexto de su obra). Conceptualmente se trata de una actitud sustentada en el principio del azar condicionado, al que Pranyko alude para aproximarse verbalmente su trabajo.


En adelante Pranyko -que, en 1979, se traslada a vivir a Chalampé, Alsacia, donde permanecerá hasta que, en 1990, fije su residencia en Lanzarote- levantará su universo plástico, marcado por la adversidad y el escepticismo, también por la discontinuidad, al margen del circuito comercial de las galerías. Un universo extrañamente desgarrado, cohesionado en sus signos y figuras, en su idioma y en los conceptos y obsesiones que lo argumentan. Su voz se reconoce en la poética del arte povera, personalizada y leída desde el arraigo del arte en la propia vida -bien decantados, durante más de dos lustros, los reflejos de Manzoni y su mundo de aperturas-, como una suerte de dietario y huella de los días que se van viviendo, en la que no hay lugar para la mediación del esteticismo (antes al contrario, su proyecto es de raíz antiestética).


El despojamiento y la austeridad de su obra remiten en ocasiones al arte minimal. En sus collages y objetos pictóricos, los materiales pobres (tela, arroz, papeles, celulosa, clavos, tubos de plástico, trapos, gasas, objetos encontrados) se reúnen y conviven, entre el organicismo natural y la racionalidad purista, apoyados en la monocromía blanca y en la tensión formal de los planos y las superficies pictóricas, Stipo Pranyko busca permanentemente a la tridimensionalidad y la expansión espacial, la ruptura del plano, que, a partir de los 90, se amplía mediante la búsqueda de la relación de la pieza pictórica con el espacio arquitectónico, a través de sus tangentes.
Sus obras se conciben como el equipaje móvil del vagabundo, pertrechos de la impedimenta del nómada: son flexibles, transformables, susceptibles de acoger los roces y las heridas de la vida, incorporando el desgaste y el deterioro como una más de sus marcas existenciales y consustanciales. Así la categoría del tiempo resulta determinante en la obra de Pranyko, que la incorpora y lee a través de metáforas poéticas continuadas, en permanente diálogo con la vida: la muerte, la enfermedad, la desaparición, el envejecimiento, el dolor, el sacrificio, el abandono… conforman el clima poético de su universo creativo.


En su obra en papel, los pliegues pasan a constituir un signo más de la composición. Los cuadros se enrollan o se pliegan para facilitar su transporte como un elemento más del ajuar básico de la vida. El material adquiere una espesa consistencia física y ética, en sus trazos, además de las señas de la biografía, resuena una memoria cultural antigua, y su consistencia y trabazón parece indicar que estamos ante una escritura o una cartografía vital más que frente a objetos artísticos. Papeles o cartón rasgados con las manos y pegados luego sobre una superficie plana o trazos de grafito arrebatados, muy gestuales y primarios en su agresividad y sencillez, configuran tropos de la herida, en los que el proceso creativo y la relación con el decurso de los días adquieren espesor físico y emocional.


En la década de los noventa, Pranyko persiste en sus materiales pobres, en su lenguaje austero, abriéndolo a una confrontación más conceptual con el espacio arquitectónico, a través de sus tangentes, barras de metal o listones de madera conectados a sus objetos, a las piezas fijadas a la pared, que se adentran en el suelo de la sala invadiéndola físicamente, expandiendo el propio espacio pictórico u objetual, y acentúa el retorcimiento de sus telas, cargadas de dramatismo Pranyko, alejado del mundo del arte, inscrito en el silencio de su soledad y ya viajero inmóvil, continúa construyendo intermitentemente artefactos blancos, escribiendo relatos abstractos de vida difícil.

información- Ciudad de la pintura

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