Fue un artista francés nacido en 1879 que, a lo largo de sus casi cincuenta años como artista, toca los estilos de vanguardia más diversos, desde el impresionismo, a la abstracción, pasando por el fauvismo, el cubismo, el orfismo o el dadaísmo y, como no, el surrealismo, llegando incluso a ser considerado por algunos críticos, como el precursor del “Hiperrealismo” y del “Pop-Art”. Estudió en l´Ecole des arts Decoratifs. Era amigo de Pisarro, lo que le llevó a practicar el Impresionismo, tras el que se pasó al fauvismo, decantándose luego por el cubismo. A partir de ese momento inicia una gran amistad con Marcel Duchamp, con lo que se inscribe en los movimientos preconizados por éste. Fue uno de los representantes más destacados del Dadaísmo agresivo encabezado por Tristán Tzara, para a continuación unirse al Surrealismo de Breton y compañía. Tras la Segunda Guerra Mundial combinó la Abstracción con una especie de Realismo Kitsch.
El artista falleció en 1953.
Lo cierto es que se trató de un hombre de espíritu independiente, claramente defensor de la “libertad en el arte”, quien no solo se ocupó de la pintura, sino que escribió novelas, poesía y también se dedicó al cine. Su vida va a estar marcada por su gusto por el lujo y la búsqueda de todo tipo de belleza, lo que se refleja en su obra por el gusto por los tonos dorados. Fue un hombre muy rico, rodeado de yates, fiestas lujosas, bellas mujeres, etc. Es sorprendente constatar como todos sus excesos no lograron saciar su constante sed y su búsqueda constante como artista. Como pintor constantemente se dedicó a explorar nuevos caminos, nuevos lenguajes, nuevas formas de expresión, no contentándose con ninguna tendencia, buscando, siempre buscando. Su frase “Nuestra cabeza es redonda para permitir al pensamiento cambiar de dirección”, define a la perfección a Francis Picabia como artista.
Una de sus obras más atípicas fue “El gato”, obra realizada en 1929, pintada en un momento en el que está editando la revista “391”, fundamental para entender el Dadaísmo y también el Surrealismo. El pintor sentía una especial fascinación por los gatos, tanta que, de hecho en esta época realizó una exposición de obras sobre los mismos en una Galería de Cannes, puesto que el reside en la Costa Azul. Hay una serie de autores que consideran que tal vez pueda tratarse de un autorretrato, al conectar la mirada del felino, desconfiada y a la vez desafiante con la del artista (que se inmortalizó a sí mismo varias veces). Los colores de la obra recogen el intenso azul del Mediterráneo, mezclados con colores cálidos, como el rojo teja, que dotan a la obra de una especie de romanticismo. Los amarillos que se entremezclan en su pelaje parecen ser el reflejo de un crepúsculo solar sobre su cuerpo. El pelaje del animal está construido con unas pinceladas largas, lo que le da un aspecto un tanto descuidado, que encaja a la perfección con el entorno abstracto en el que se encuentra.
Francis-Marie Martínez Picabia (22 de enero, 1879 - 30 de noviembre, 1953) Pintor francés.
Artista vanguardista francés, nacido en París el 22 de enero de 1879, pero de origen cubano. Su arte no admite clasificación ya que trabajó en casi todos los estilos contemporáneos más destacados, como el impresionismo, el cubismo, el fauvismo, el orfismo, el dadaísmo, el surrealismo y el arte abstracto. Hizo también pintura figurativa, dibujo y collage. Estudió en École des Beaux-Arts y en la École des Arts Décoratifs. Recibió una fuerte influencia impresionista y fauve, en especial de la obra de Pissarro y Sisley. De 1909 a 1911 estuvo vinculado al cubismo y fue miembro del grupo de Puteaux, donde conoció a los hermanos Duchamp. En 1913 viajó a Estados Unidos, donde entró en contacto con el fotógrafo Alfred Stieglitz y el grupo dadá americano. En Barcelona, publicó el primer número de su revista dadaísta "291" (1916) contando con colaboradores como Apollinaire, Tzara, Man Ray y Arp. Tras pasar una etapa en la Costa Azul con una fuerte presencia surrealista en su obra, regresa a París y crea junto a André Breton la revista "391". Estudió en la Escuela de Artes Decorativas de París, influido por el postimpresionismo. En 1911 conoció a los hermanos Duchamp (Marcel, Jacques y Raymond) en el suburbio parisino de Puteaux, donde se reunían los domingos para discutir sobre arte, matemáticas y otros temas. En 1913 viajó a Nueva York con motivo de la exposición “The Internacional Exhibition of Modern Art”, celebrada en un cuartel militar, y desde donde se pretendía dar a conocer al público norteamericano la obra de la vanguardia europea, ya mínimamente introducida por el fotógrafo y galerista Alfred Stieglitz. Picabia vivió en Nueva York hasta 1916, fecha en que viajó a Barcelona, donde estuvo dos años.
Allí apenas mantuvo contacto con la vanguardia catalana, salvo con Josep Dalmau, quien editó la revista 391, fundada por Picabia en 1917. El formato, la concepción y la tipografía deben mucho a la revista 291, editada por Stieglitz y en la que colaboró Picabia, pero los presupuestos son otros: el tono nihilista, frío, irónico y destructor son propiamente dadaístas. La revista se publicó entre 1917 y 1924, en Barcelona, Nueva York, Zurich y París, y en ella colaboraron, entre otros, Marcel Duchamp, Tritan Tzara, Man Ray y Jean Cocteau. Junto a la revista Dada, fue la más importante de este movimiento. Poco después de 1917, Picabia viajó a París, donde entró de lleno en el círculo dadaísta conducido por Tristan Tzara, participando en manifestaciones y otros escándalos. En 1922 Dalmau organizó una exposición que reunió 46 obras de Picabia, con un catálogo editado por André Breton.
Las obras anteriores a 1922 podrían calificarse como mecanomorfas, que mucho deben al dinamismo futurista. "El apuro" (1914, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid) pertenece a un conjunto de obras realizadas por el artista en 1914, que podrían definirse como transposiciones abstractas de experiencias íntimas. En torno a 1924 parece regresar a la figuración, sobre todo a partir de la fundación del grupo surrealista: en estas obras parece burlarse de ese onirismo surreal, pintando figuras desmaterializadas, y más adelante iniciará un diálogo con la tradición artística. Su interés por la literatura y el lenguaje fue particularmente evidente en sus últimos trabajos. En 1930 se celebró la primera de las grandes retrospectivas sobre Picabia en la galería francesa Rosenberg, donde se mostró la obra comprendida entre 1900 y 1930.