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domingo, 15 de febrero de 2015

Jean Hélion

1904-1987
Para el pintor -y escritor- español Eduardo Arroyo, Jean Hélion ridiculiza con su simple trayectoria "ese ejército conformista y pusilánime educado en el culto del vanguardismo a cualquier precio". En efecto, Hélion se da a conocer entre 1929 y 1930 como teórico del grupo Art Concret, junto a Theo van Doesburg, Otto Carlsund y Léon Tutundjian. Antes, el uruguayo Joaquín Torres-García le familiarizó con el cubismo y el surrealismo pero ahora Hélion defiende un arte "enteramente concebido y formado antes de su elaboración", en el que no hay lugar para la naturaleza, la sensualidad, el simbolismo, lo dramático o el sentimiento".

El entusiasmo por un universo cuadriculado, "a lo Mondrian", se agotará pronto y las formas curvas regresan a sus telas, luego lo hacen las figuras -cilindros, conos...- que enseguida caen, como derrotadas por una realidad humana que reclama sus derechos. "Durante el año y medio que fui prisionero de los alemanes no soñé con formas geométricas sino con nalgas, con amigos, comida y objetos tangibles" explicó en su día.

El resultado es que el más abstracto de los abstractos, después de viajar a la URSS en 1931, de vivir varios años, entre 1932 y 1940, en EE UU y ser allí el mayor profeta de la modernidad, se reinstala en París en 1947 (entre 1943 y 1947 ha vivido de nuevo en Nueva York pero le da la espalda al expresionismo abstracto triunfante) para interesarse por Alessandro Magnasco, por la figuración a la manera de Fernand Léger o Max Beckman y, al fin, por sentirse heredero de Poussin o Chardin. Las naturalezas muertas de esa época son un escándalo para un mundo que sólo tiene ojos para la abstracción.
La pintura de Hélion, a partir de la segunda mitad de los años 50, se reconcilia con toda la tradición pictórica, integra en sus telas escuelas y soluciones distintas, juega con temas surrealistas tratados de manera informal, incorpora iconografía abstracta en telas que describen la vida cotidiana, se aleja de todas las capillas, se abre a todas las corrientes y se plasma en un estilo elegante y esquemático que le permite, incluso, aventurarse a resucitar géneros tan desacreditados como la "pintura histórica" a través de su tríptico consagrado a Mayo 1968.

Jean Hélion, con graves problemas de retina, pinta en los últimos años de su vida personajes que sufren accidentes, que caen, que, con un bastón blanco en la mano, avanzan titubeantes por el mundo y acaba con una obra extraordinaria y de título duchampiano: El pintor pisoteado por su modelo. Nada resume mejor la trayectoria de quien ha puesto en cuestión todo confort, capaz de levantarse contra el movimiento que ha contribuido a popularizar justo cuando el éxito lo consagra, capaz también de alistarse en Nueva York para luchar contra los nazis cuando tantos artistas parisinos buscaban refugio en la ciudad de los rascacielos y capaz, por último, de pintar con los ojos de la memoria cuando la vista flaqueó demasiado.

EL PAIS

domingo, 5 de agosto de 2012

Jean Hélion




Eduardo Arroyo recuerda que Jean Hélion (Lille 1904-París 1987) era para él cuando le conoció en 1962 "el pintor ejemplar", porque "pintó al revés que la casi totalidad de los artistas de vanguardia del siglo XX", en una búsqueda de la libertad absoluta que Arroyo define como "una actitud tozuda por antonomasia, que empleaba toda su energía en lanzar piedras contra el propio tejado". 




Para el pintor -y escritor- español Eduardo Arroyo, Jean Hélion ridiculiza con su simple trayectoria "ese ejército conformista y pusilánime educado en el culto del vanguardismo a cualquier precio". En efecto, Hélion se da a conocer entre 1929 y 1930 como teórico del grupo Art Concret, junto a Theo van Doesburg, Otto Carlsund y Léon Tutundjian. Antes, el uruguayo Joaquín Torres-García le familiarizó con el cubismo y el surrealismo pero ahora Hélion defiende un arte "enteramente concebido y formado antes de su elaboración", en el que no hay lugar para la naturaleza, la sensualidad, el simbolismo, lo dramático o el sentimiento".

El entusiasmo por un universo cuadriculado, "a lo Mondrian", se agotará pronto y las formas curvas regresan a sus telas, luego lo hacen las figuras -cilindros, conos...- que enseguida caen, como derrotadas por una realidad humana que reclama sus derechos. "Durante el año y medio que fui prisionero de los alemanes no soñé con formas geométricas sino con nalgas, con amigos, comida y objetos tangibles" explicó en su día.


El resultado es que el más abstracto de los abstractos, después de viajar a la URSS en 1931, de vivir varios años, entre 1932 y 1940, en EE UU y ser allí el mayor profeta de la modernidad, se reinstala en París en 1947 (entre 1943 y 1947 ha vivido de nuevo en Nueva York pero le da la espalda al expresionismo abstracto triunfante) para interesarse por Alessandro Magnasco, por la figuración a la manera de Fernand Léger o Max Beckman y, al fin, por sentirse heredero de Poussin o Chardin. Las naturalezas muertas de esa época son un escándalo para un mundo que sólo tiene ojos para la abstracción.


La pintura de Hélion, a partir de la segunda mitad de los años 50, se reconcilia con toda la tradición pictórica, integra en sus telas escuelas y soluciones distintas, juega con temas surrealistas tratados de manera informal, incorpora iconografía abstracta en telas que describen la vida cotidiana, se aleja de todas las capillas, se abre a todas las corrientes y se plasma en un estilo elegante y esquemático que le permite, incluso, aventurarse a resucitar géneros tan desacreditados como la "pintura histórica" a través de su tríptico consagrado a Mayo 1968.



Litografía - Jean Helion - Sans titre
Jean Hélion, con graves problemas de retina, pinta en los últimos años de su vida personajes que sufren accidentes, que caen, que, con un bastón blanco en la mano, avanzan titubeantes por el mundo y acaba con una obra extraordinaria y de título duchampiano: El pintor pisoteado por su modelo. Nada resume mejor la trayectoria de quien ha puesto en cuestión todo confort, capaz de levantarse contra el movimiento que ha contribuido a popularizar justo cuando el éxito lo consagra, capaz también de alistarse en Nueva York para luchar contra los nazis cuando tantos artistas parisinos buscaban refugio en la ciudad de los rascacielos y capaz, por último, de pintar con los ojos de la memoria cuando la vista flaqueó demasiado.

Ref- archivo EL PAIS

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Jean Hélion






(Couterne en Normandía, 21 de abril de 1904 – 27 de octubre de 1987) fue un pintor francés cuya obra abstracta en los años 1930 le estableció como un líder dentro del arte moderno.

Hélion se trasladó a los Estados Unidos en julio de 1936, permaneciendo en Nueva York y más tarde en Virginia. Regresó a Francia durante la Segunda Guerra Mundial en 1940, y se unió al ejército. Fue tomado prisionero el 19 de junio de 1940 y estuvo en un barco prisión en Stettin an der Oder (hoy Szczecin, Polonia) hasta el 13 de febrero de 1942, cuando escapó. Cuatro días más tarde se puso en camino hacia París, llegando a los Ee. UU. de nuevo en octubre, donde habló por la radio y dio conferencias en favor de una Francia Libre.

Su rechazo, en mitad de su carrera, a la abstracción, fue seguida durante casi cinco décadas como pintor figurativo. Fue también autor de varios libros, entre ellos uno sobre sus experiencias en la Segunda Guerra Mundial, They Shall Not Have Me, que se convirtió en un superventas en los EE. UU.; y de un extenso cuerpo de escritura crítica.

En los últimos años de su vida le empezó a fallar la vista y su última pintura la acabó en 1983, cuatro años antes de su muerte.

Hélion se casó cuatro veces; su tercera mujer era hija de Peggy Guggenheim.