Julius Pincas nació en Vidin (Bulgaria) hijo de un padre judíosefardí y una madre serbo-italiana.
Empezó en Alemania como
caricaturista de éxito. Adoptó el seudónimo de Jules Pascin después de llegar a
París en diciembre de 1905, como parte de la gran emigración de creatividad
artística a comienzos del siglo
XX. En 1907 Pascin conoció a Hermine Lionette Cartan David, también pintora,
y se hicieron amantes, viviendo juntos hasta que Pascin se marchó a Estados
Unidos el 3 de octubre de
1914. Hermine David permaneció en París con
su madre hasta que, a petición de Pascin, marchó también a Estados Unidos el 31 de octubre de 1914.
Pascin vivió en los Estados Unidos desde 1914 hasta 1920, no
interviniendo en la Primera Guerra Mundial. Estando allí
enseñó en la Academia Telfair en Savannah, Georgia. Hermine y él pintaron en Nueva York, Miami, Nueva Orleans y Cuba. Pascin se casó con Hermine David en el ayuntamiento
de Nueva York. Fueron testigos Max
Weber y Maurice Sterne, ambos pintores residentes en Nueva York y amigos de
Pascin. Pascin recibió la ciudadanía estadounidense, pero en Francia se
convirtió en el símbolo de la comunidad artística de Montparnasse. Tocado con un sombrero hongo,
resultaba una presencia ingeniosa en el café Le Dôme, el club Le Jockey, y otros
lugares favoritos de la sociedad bohemia de la zona. Pascin visitó Bulgaria en 1923/1924 y posteriormente, en fecha no
concretada.
De regreso a Francia, se consagró como autor de dibujos y acuarelas, sobre todo de retratos de modelos
femeninos, entre ellos su mujer Hermine David y su amiga Lucy Krogh.
Necesitado de cariño y compañía como consecuencia de una infancia vivida en
el ambiente represivo de una familia tradicional judía que le había hecho abandonar a su primera
amante por ser mayor que él, llevó una vida de festejos (se le llamaba
Príncipe de Montparnasse y Príncipe de los tres
montes) que organizaba para estar siempre acompañado de sus amigos.
A pesar de estar constantemente en fiestas, Pascin creó miles de acuarelas y
esbozos, además de dibujos y caricaturas que vendía a periódicos y revistas.
Estudió el arte del dibujo en la Academia Colarossi y, como Henri
de Toulouse-Lautrec antes de él, dibujó el ambiente que lo rodeaba y a sus
amigos, tanto masculinos como femeninos. Quería convertirse en un pintor serio
pero con el tiempo se deprimió profundamente al ser incapaz de lograr un éxito
de crítica con sus esfuerzos.
Durante los años 1920,
Pascin pintó sobre todo frágiles petites filles, prostitutas esperando a
clientes, o modelos esperando a que acabe el posado. Sus pinturas se vendían,
pero el dinero lo gastaba con rapidez. Era famoso por ser el anfitrión de
numerosas fiestas, grandes y escandalosas, que daba en su piso; cuando le
invitaban a cualquier otro lugar a cenar llegaba con tantas botellas de vino
como podía llevar. Frecuentemente lideraba un gran grupo de amigos en pícnics
estivales a orillas del Marne, con
excursiones que duraban toda la tarde. Según su biógrafo, Georges Charensol,
«Apenas había elegido mesa en el Dôme o el Sélect cuando lo rodeaban cinco o
seis amigos; a las nueve en punto, cuando nos levantábamos, podríamos ser 20 en
total, y más tarde, cuando decidíamos ir a Montmartre donde Charlotte Gardelle o la Princesa
Marfa -donde a Pascin le encantaba ponerse a tocar la batería en la orquesta de
jazz- él tenía que llamar a diez taxis».
En su relato París era una fiesta, Ernest Hemingway escribió un capítulo titulado
Con Pascin en el Dôme, relatando una noche en 1923 cuando se había
detenido en Le Dôme y encontrado a Pascin acompañado por dos modelos. La
descripción de Hemingway de los acontecimientos de esa noche se consideran una
de las imágenes que simbolizan en Montparnasse de la época.
Tras la brillantez de Pascin estaba escondido el terror de una mente
torturada. Sufría depresión y alcoholismo. «Enloquecido por su propia leyenda»,
según el crítico de arte Gaston Diehl, se suicidó el 2 de julio de 1930, en vísperas de una prestigiosa exposición individual
cortándose las venas de las muñecas y ahorcándose en su estudio de Montmartre. Sobre la pared dejó un
mensaje escrito con su propia sangre que decía adiós a su amor perdido, Cecile
(Lucy) Vidil Krohg. En su testamento Pascin dejó su patrimonio a partes iguales
a su amante, Lucy Krohg, y a su esposa, Hermine David.
El día del funeral de Pascin, 7 de junio de 1930, cerraron todas las galerías
de París. Miles de conocidos de la comunidad artística junto a docenas de
camareros de los restaurantes y los salones que frecuentaba, todos vestidos de
negro, caminaron detrás de su ataúd a lo largo de los casi cinco kilómetros
desde su estudio en el bulevar de Clichy, número 36, al cementerio de Saint-Ouen.
JULES PASCIN (1882-1944) Para muchos los barrios de Montmartre y Montparnasse, de los locos años 20, evocan la presencia de Jules Pascin, uno de los más destacados artistas de L. Ecole de Paris. Pero su vida y su obra son muy poco conocidas fuera de los círculos especializados y, aun entre ellos, raramente es identificado como judío. Una adolescencia exótica El 31 de marzo de 1885, en Vidin, Bulgaria, nació Julius Mordecai Pincas, octavo hijo (llegarían a ser 11) de la familia de un próspero comerciante de cereales. Los Pincas se trasladaron a Bucarest en 1892, pero Julius estudió en un internado de Viena hasta los 17 años. Durante sus vacaciones en Bucarest y en sus breves períodos de permanencia en esa ciudad, trabajando en el negocio del padre, se hizo amigo de la madame de un prostíbulo, cuya decadente atmósfera plasmó en sus primeros bocetos.
En 1902 inició sus estudios de pintura en Viena, trasladándose el año siguiente a Munich, donde se inscribió en la Academia de Arte Heymann. Paralelamente, comenzó a trabajar como ilustrador para las revistas germanas Jugend y Simplicissimus, de amplia difusión. Se trataba de caricaturas cercanas a la obscenidad con las que su nombre se hizo muy conocido. La Boheme. Recién cumplidos los 20 años, Jules Pascin, como empezó a firmar, fue recibido la víspera de Navidad en la Gare (estación de ferrocarriles) de Montparnasse por un contingente de «Domiers», un grupo internacional de artistas plásticos y escritores que se reunían en el Café du Dôme, del que se hizo figura infaltable. Acostumbraba dibujar allí, usando lo que tuviera a mano, incluyendo fósforos quemados y gotas de café para colorear. Como su gran amigo Amadeo Modigliani y tan talentoso e importante como él en L.Ecole de Paris, se enorgullecía de ser considerado un artista romántico y bohemio. En su estudio organizaba extravagantes fiestas, que contribuyeron a convertirlo en una leyenda de la orilla izquierda del Sena. Aunque participó en exitosas exposiciones colectivas en Francia, su primera muestra individual se llevó a cabo en la Galería Paul Cassirer, de Berlín, en 1907 y, más tarde, expuso en la Berlin Secesión y en el Sonderbund - Ausstellung, de Colonia.
Para evitar ser reclutado por el ejército, se trasladó a Londres en 1914 y continuó viaje a Nueva York en octubre del mismo año. Allí, Pascin tomó contacto con algunos pintores de vanguardia, como Walter Kuhn, Yasuo Kuniyoshi y el también judío Max Weber, los que recibieron la influencia de su estilo figurativo, enriquecido con elementos del expresionismo y del cubismo, su sutil manejo de la línea y el color, además de su extraordinaria habilidad para el dibujo.
Se sucedieron exitosas exposiciones en el Armory Show y la Berlin Photografic Company de Nueva York, en el Salón d.Automme, el Salón des Indépendents y la Galería Berthe Will de París. Pascin se dedicó también a viajar. Realizó largos recorridos por el sur de Estados Unidos y Cuba. El artista plasmó sus experiencias en rápidos y brillantes croquis a lápiz, realzados, en ocasiones, por delicados toques de color. En 1918 se casó con Hermine David, a quien había conocido años atrás, en París, como estudiante de arte. Pero en 1920 se hizo amante de Lucy Krohg, esposa de un pintor noruego, con la que viajó por Argelia y Túnez, siempre boceteando y pintando. A su regreso de un viaje por Italia, en 1927, obtuvo la ciudadanía norteamericana, con el apoyo de Maurice Stern y de Alfred Stieglitz, el galerista que tanto ayudó a los artistas judíos en Nueva York.
Durante toda la década siguiente, se realizaron numerosas y muy bien recibidas exposiciones de su obra a ambos lados del Atlántico.
Pero, en 1930, la muestra presentada en las Knoedler Galleries de Nueva York mereció críticas adversas. Poco después, el 2 de junio del mismo año, después de ver sus cuadros expuestos en la Galerie Georges Petit y tras una más de sus tormentosas discusiones con Lucy, Pascin se suicidó, colgándose en su estudio.
La niña de las botas, el cuadro que se muestra abajo, fue pintado poco tiempo antes del suicidio del artista. Se transparenta la evidente compasión del pintor por las prostitutas y otros seres marginales. La expresión desencantada y resignada de la muchacha, apenas vestida, el ambiente sórdido apenas insinuado, que no logran alegrar las flores, están plasmados gracias a la fina sensibilidad y la penetración psicológica del artista.
Su técnica pictórica, de contornos dibujados a carboncillo, completados con tonos suaves y sombreados de óleos diluidos en trementina, con efectos que se asemejan a los de la acuarela, intensifica la tristeatmósfera.