jueves, 1 de octubre de 2009

MARIA ANTONIA DANS

















Oza de los Ríos (La Coruña) 1922 - Madrid, 1988

Tras una primera temporada en Curtis, cuyo paisaje, sus colores y estructuras, dejarán huella en la memoria de María Antonia, en 1939, se traslada a La Coruña junto a su familia. Allí, en 1945 comienza a estudiar pintura con Lola Díaz Baldiño, y es en ese momento cuando realiza sus primeras acuarelas.

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Su inquietud por conocer diferentes ambientes y su necesidad de tomar perspectiva, frente al círculo cerrado que supone la vida en provincias, le lleva en 1950 a viajar a Madrid, donde realiza su primera exposición.







En 1952 se traslada definitivamente a vivir a Madrid, aunque nunca perderá el contacto y mucho menos las raíces con su tierra natal; se matricula en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, y estudia dibujo, como alumna libre, en el Círculo de Bellas Artes. En la capital, conoce la obra de Benjamín Palencia, cabeza de la Escuela de Madrid, por la que va a quedar altamente influenciada.




Su pintura de trazo austero, bucea en la investigación cromática consiguiendo colores imposibles, que son generadores de volumen y recuerda a la obra de Chagal y a la pintura Bizantina, impregnando de modo brutal la retina del espectador. Su cosmología particular se centra en la naturaleza muerta, las escenas de aldeanos, el retrato y los paisajes. La propia artista escribe: "Nunca sabré a que escuela pertenece mi obra. Pinto con libertad y rigor; pensando que la línea y el color son infinitos, inagotables".



Recibe diferentes becas de estudio y su arte comienza poco a poco a ser reconocido por critica y público, tanto es así que, en 1956 es requerida para realizar un mural en el hotel Wellington. En ese mismo año viaja a Italia, gracias a una beca concedida por la Fundación Juan March, donde recibe un fuerte impacto emocional al contemplar la pintura de quatrocento, que le hará tomar un nuevo camino en su estilo, basado en un uso mas fino de la línea, aunque nunca abandone su particular modo de reflejar el mundo, mediante el uso volumétrico del color.




1963, supone el reconocimiento internacional de su obra, obteniendo el premio Villa de París de pintura y en 1989, un año después de su muerte. Se realiza a modo de homenaje una Exposición antológica en Vigo.

Está representada en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid

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