viernes, 19 de junio de 2020

JOAQUIN GARCÍA-GESTO

( Lugo, 1948
Se formó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, por la que es licenciado. Su primera exposición individual la realizó en el Círculo de las Artes, de su ciudad natal, en 1964, cuando sólo tenía dieciseis años. Posteriormente lo ha hecho en Madrid, Málaga, Compostela, A Coruña y Vigo; en Alemania, con el patrocinio de la Embajada española, y en Buenos Aires.
Ha participado en importantes colectivas, como la cuarta Bienal Internacional del Deporte en Las Bellas Artes; Panorama 78, del Museo Español de Arte Contemporáneo, de la que fue comisario; Pintores de Lugo, en la Casa de la Parra, en Compostela, y Arco 87. Está representado en los Museos Carlos Maside, de Sada, y Castrelos, del Ayuntamiento de Vigo. García Gesto define su concepto pictórico como un estudio del plano y sus posibilidades matéricas. Una forma de inducir una concepción espacial virtual. El dibujo, la línea y el punto como los protagonistas fundamentales de la tradición artesanal en el lenguaje de la imagen. 
Estos elementos, la mayoría de las veces los articula muy fundidos con el plano soporte, de manera que no desvirtúen la sensación tridimensional del lienzo. El color, muy parco, monocromo, trabajado en contraste afín, para abundar en el concepto de superficie plana de objeto tridimensional, como si de una placa se tratara. Sus temas están en el entorno inmediato, afirmando una realidad doméstica, para oponerla al mercado de lo mundano. Una mirada interior que huye de los argumentos espectaculares. Pintura como despreocupada del oficio, de la técnica.
 Cual si fueran huellas borrosas, casi perdidas, de dibujantes espontáneos en muros medio derruidos. Dibujo de línea deliberadamente dubitativa, escueto, mera insinuación o boceto de una realización posterior más precisa, que al fin no existirá. Pintura "póvera", neo realista, que sin embargo expresa una gran emoción y denota a un artista reflexivo e inteligente, muy próximo a lo que el novelista y psiquiatra Martín Santos llamó tiempos de destrucción. Lo mínimo, lo secundario, lo absolutamente despreciable y fugaz, cobra en la pintura de García-Gesto valor de categoría y permanencia, con pincelada ancha, de textura áspera y cuarteada, casi monocroma, en la que se insinúan perspectivas al fin inexistentes y objetos como temblorosos. 
Aunque semeje ser tan intimista, tan asordado, ha realizado murales de considerables dimensiones en edificios públicos como el Aeropuerto de Barajas, donde al fin se reitera una sensibilidad muy acusada y la importancia que estas expresiones desnudas pueden cobrar ante el espectador inteligente y dispuesto a admitir que el arte no exige siempre alardes, tantas veces gratuitos y hasta innecesarios.

Afundación

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