sábado, 12 de abril de 2008

Diego Rivera.


La Gran Tenochtitlán, 1945, Fresco.



Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, 1946.


El reparto de tierras, 1924. Fresco.


Los explotadores, 1926. Fresco


Día de Muertos - La Ofrenda, 1923-1924. Fresco.


. La creación, 1922-1923. Encausto y pan de oro. Anfiteatro



Autorretrato. (1941)


La Piñata. Oleo sobre tela

El arte de Diego Rivera constituyó uno de los pilares sobre los que habría de asentarse uno de los más pujantes movimientos de la pintura americana: el muralismo mexicano. Su arte depende en gran manera de un vocabulario surgido de una mezcla de Gauguin y la escultura azteca y maya. Realizó una obra vastísima como muralista, dibujante, ilustrador y escritor, desarrollando al mismo tiempo actividad política. Diego Rivera, en formas simplificadas y con vivo colorido, rescató bellamente el pasado precolombino, al igual que los momentos más significativos de la historia mexicana: la tierra, el campesino y el obrero; las costumbres, y el carácter popular. La aportación de la obra de Diego Rivera al arte mexicano moderno fue decisiva en murales y obras de caballete; fue un pintor revolucionario que buscaba llevar el arte al gran público, a la calle y a los edificios, manejando un lenguaje preciso y directo con un estilo realista, pleno de contenido social. Paralelamente a su esfuerzo creador, Diego Rivera desplegó actividad docente en su país, y reunió una magnífica colección de arte popular mexicano.